Has elegido la edición de . Verás las noticias de esta portada en el módulo de ediciones locales de la home de elDiario.es.
La portada de mañana
Acceder
Los autos de la jueza de la DANA y los silencios de Pradas acorralan a Mazón
Zelenski viaja a Washington para intentar aplacar a Trump y entrar en las negociaciones
Opinión - No son los periodistas, es la democracia. Por Esther Palomera
Sobre este blog

En Abierto es un espacio para voces universitarias, políticas, asociativas, ciudadanas, cooperativas... Un espacio para el debate, para la argumentación y para la reflexión. Porque en tiempos de cambios es necesario estar atento y escuchar. Y lo queremos hacer con el “micrófono” en abierto.

Andalucía: madre de todo, dueña de nada

El hotel El Algarrobico de Carboneras (Almería). EFE / Carlos Barba

0

Andalucía ha sido históricamente una tierra generosa. Sus campos han alimentado mercados lejanos, sus recursos han sostenido economías externas y su gente ha levantado con su esfuerzo industrias que aquí nunca echaron raíces. No hay resentimiento ni vergüenza en reconocerlo, pero debemos entender que la desigualdad territorial en España no fue fruto del azar ni de un mandato divino, sino de un modelo que concentró el desarrollo en unos lugares, mientras dejaba a otros en la dependencia.

Ante esto, la respuesta no puede ser el agravio ni la revancha. Porque si algo sabemos en Andalucía es que nadie se levanta solo, que la ira que nos quieren hacer sentir desde el populismo y la ultraderecha nos impide organizarnos, y eso solo beneficia a quien ya está arriba, a quien ya tiene el poder. El enfado no es un sentimiento constructivo: nuestra fortaleza siempre ha sido la esperanza, y eso es algo que las fuerzas del cambio político deben tener presente para recuperar la confianza de la ciudadanía andaluza.

Sin solidaridad no hay comunidad ni país posible. Crecimos en pueblos donde la ayuda mutua era la norma, donde el pan se compartía y la puerta siempre estaba abierta. En Andalucía sabemos lo que es estar abajo y por eso sabemos que la única construcción territorial posible es la que es justa, la que se basa en la igualdad, sin privilegios ni tutelas. 

El modelo económico que ha marcado Andalucía no ha sido el de la prosperidad propia, sino el de la extracción para otros y la concentración en muy poquitos bolsillos

El modelo económico que ha marcado Andalucía no ha sido el de la prosperidad propia, sino el de la extracción para otros y la concentración en muy poquitos bolsillos. La agricultura intensiva produce para mercados externos mientras deja acuíferos agotados y jornaleros y jornaleras en la precariedad. El turismo llena hoteles y aeropuertos, pero sus beneficios se concentran en grandes cadenas, mientras el empleo local se queda en la temporalidad y el salario mínimo. La energía del sol y el viento se convierte en electricidad que abastece a otros, pero el control y las ganancias se van fuera de nuestra tierra.

El Algarrobico es un símbolo muy potente de ese modelo depredador en el que nos convencieron de que si nos iban a robar, al menos pedir las migajas. Un símbolo que sigue de actualidad porque ahora, la última ocurrencia es comprarlo. Es decir, pagarle un rescate al que nos ha robado la cartera, en vez de seguir recordándole a esos ladrones que la cartera sigue siendo nuestra.

Y este no es solo un problema andaluz. Es el resultado de un modelo de desarrollo que ha repetido las mismas lógicas en otros territorios periféricos. Se nos ha hecho depender de sectores frágiles, sin permitir que surja un tejido industrial propio, sin inversión suficiente en innovación ni en infraestructuras que nos conecten para una economía sostenible. Se nos ha dicho que vivimos de la ayuda del Estado cuando, en realidad, el problema es que la riqueza se nos escapaba por las rendijas: lo que se ha producido aquí ha servido para sostener la prosperidad de otros y aquí hemos soportado solo las consecuencias, los costes de su riqueza.

Ni más ni menos: un país sin territorios de primera y de segunda.

La solución no pasa por exigir privilegios en nombre del agravio, sino en reivindicar un país en el que ningún territorio tenga ventajas sobre otros. Andalucía no quiere ser más que nadie, tampoco menos

Este modelo debe cambiar, se nos ven las costuras con mirar un ratito los niveles de pobreza en Andalucía. Y la solución no pasa por exigir privilegios en nombre del agravio, sino en reivindicar un país en el que ningún territorio tenga ventajas sobre otros. Andalucía no quiere ser más que nadie, tampoco menos. No queremos concesiones especiales, sino un marco de justicia donde cada comunidad tenga las mismas oportunidades de desarrollo, sin tutelajes ni economías subsidiarias, sin decisiones que se tomen en otro lugar y se nos impongan como destino.

Para eso, la única vía posible es un modelo federal simétrico, donde todos los territorios dialoguen en pie de igualdad, ninguno situado por encima. Durante demasiado tiempo, la estructura del Estado ha mantenido a algunas regiones en una posición privilegiada, mientras otras quedábamos en un papel subordinado. Desde una radical fraternidad, no podemos permitir que esto continúe.

En Andalucía no entendemos la solidaridad como una palabra vacía. Sabemos que solo se sostiene si es recíproca, porque no se trata de caridad sino de justicia. La España de las desigualdades territoriales no es sostenible, porque la desigualdad genera distensiones y distorsiones que nos impiden avanzar. La ira y el rencor del que se alimentan los que venden odio para su propio beneficio.

Nuestra historia nos ha enseñado que la cooperación es la única forma de salir adelante. No queremos que nadie pase por lo que nosotros hemos pasado. Queremos un país donde la riqueza se reparta de manera justa, donde no haya territorios condenados a ser vaciados, esquilmados, siempre pobres, siempre aportando y sólo recibiendo limosnas. No pedimos más de lo que nos corresponde, pero tampoco aceptaremos menos.

Sobre este blog

En Abierto es un espacio para voces universitarias, políticas, asociativas, ciudadanas, cooperativas... Un espacio para el debate, para la argumentación y para la reflexión. Porque en tiempos de cambios es necesario estar atento y escuchar. Y lo queremos hacer con el “micrófono” en abierto.

Etiquetas
stats