Espacio de opinión de Canarias Ahora
Creme fouttée
En 1938, Alemania, Inglaterra, Italia y Francia firmaron el Pacto de Munich que cedía a Alemania por la fuerza un trozo de Checoslovaquia, país que no estuvo invitado al contubernio. Esto nos suena. Chamberlain, el primer ministro inglés, fue el factor humano decisivo del dramático error argumentado que así apaciguaba a Hitler. Kennedy, padre del presidente asesinado, aplaudía a rabiar en Londres, en la embajada americana porque estaba fascinado por Hitler. Cuando el año siguiente estalló la guerra, el padre del presidente mito deseaba el triunfo nazi.
En 1940, en Norteamérica se organiza en 450 sedes el American First Comité. El principal objetivo era el aislacionismo. Llegó a tener 800.000 miembros, y era un movimiento ultraderechista. Esto también nos suena, aislacionismo -ultraderecha- simpatía con el dictador fuerte. Kennedy padre y Lindbergh, el aviador, eran miembros reconocidos. Gerald Ford, presidente que sustituyó a Nixon, también lo era. Este movimiento de American First no reparaba en barras y si la historia no hubiera dado un volantazo, Hitler podía haber ganado la guerra. El giro se produjo cuando Churchill sustituye a Chamberlain y los japoneses, bombardeando Pearl Harbour, obligan a Roosevelt a entrar en la guerra. Kennedy ya estaba neutralizado y de vuelta en América. Con todo se permitió decir a su vuelta: “La democracia ha fenecido en Inglaterra y también aquí”. Los redivivos simpatizantes del American First votan a Trump para presidente y ni rima ni leche, la historia parece repetirse. Vemos al factor humano siempre decidiendo.
Para anunciar la mala nueva, Trump envía a Munich, otra vez Munich, a su ayudante Vance a pintarle la cara a Europa en una injerencia total afirmando que en democracia no hay lugar para los cordones sanitarios y, no contento con su arremetida, culpa a los europeos de estar pisoteando los valores transatlánticos hasta ahora compartidos. En su delirio afirma que Putin no es el enemigo, que el enemigo es interior y se llama inmigración. El ayudante del sheriff que trató de modificar los resultados en Georgia y fue autor intelectual del asalto al capitolio nos mete una reprimenda en nuestra propia cara. A nosotros, que en palabras de Merkel con solo el 7% de la población mundial aportamos el 50% del gasto social del planeta.
En los años 60 del siglo pasado ya tuvo Norteamérica un partido nazi que negaba el holocausto y consideraba a Hitler el salvador blanco. Su líder, el coronel Rockwell, murió asesinado a tiros. También este episodio rima.
El sistema americano se fundamenta en tres poderes que se corrigen de forma recíproca. El ejecutivo lleva la iniciativa y el presidente incluso veta las leyes del legislativo. El Senado, por el contrario, aprueba o ratifica ciertos nombramientos y muchos tratados. Cuando se rompe el vaso del consenso solo queda un poso: la lealtad de todos a la voluntad de los padres fundadores interpretada esa voluntad de forma distinta por cada cual. El sistema está diseñado para que pueda entrar en crisis y en soluciones sin salida encontrar su puerta de emergencia.
Por ello le dieron al legislativo una competencia judicial para controlar el ejecutivo: el impeachment. Los tres poderes conspiran de forma nada normal, cambiando su papel en el tablero institucional. Esta figura extraordinaria no la activan los jueces, sino que la propone la cámara de representantes por una simple mayoría y la aprueba el Senado con los dos tercios de sus votos. Benjamín Franklin explicó la razón de existir de esa figura que de esta forma concebida resulta algo notable: de no existir este procedimiento extremo la única alternativa restante era el asesinato.
Los padres fundadores iniciaron el texto constitucional con tres palabras: We the People. Ya antes en la declaración de independencia se afirma que todos los hombres son creados iguales. Creme fouettée. Solo han pasado sesenta años porque no aconteció antes, desde que los nativos, los negros y hasta los blancos fueron reconocidos como iguales ante la ley. La forma como convivieron con la esclavitud y con la discriminación de razas y mujeres blancas en un estado de derecho fue antológica e insoportable. La corte suprema en 1857 a cara descubierta falló para liquidar el entuerto que los negros no tenían ciertos derechos que los blancos tuvieran que respetar. El juez ponente de la Corte Suprema entendió el We the People como una familia restringida a los blancos. Por tanto, We the People es un grupo o familia cambiante con el tiempo.
Por eso el ayudante del sheriff acude a Munich y sin ponerse colorado le canta a Europa quinto levanta y tira de la manta que viene el sargento con el cinturón. A Europa, gringo, que con el 7% de la población mundial acumula el 50% del gasto social del planeta. Otro juez americano también de la Corte Suprema reconoció que la democracia se puede perder fácilmente pero nunca se gana de forma definitiva. Todo rima y Europa debe dejar de ser crema montada y asumir que la fidelidad transatlántica es dúctil y maleable. We the People somos nosotros, los europeos. Ellos solo lo son a veces.
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