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Descifrando el Código Ictus: la unidad hospitalaria para minimizar el tiempo de acción

Una persona con dolor de cabeza

Mercè Palau

El ictus es la segunda causa de muerte en la población general española y la primera causa de muerte en la mujer. Además, es la primera causa de discapacidad. Al año, se detectan  unos 12.000 casos nuevos, lo que se traduce, según la Federación Española del Ictus (FEI), en un ictus cada seis minutos, sobre todo en personas a partir de los 55 años. Esta enfermedad cerebrovascular ocurre cuando disminuye o se obstruye el flujo sanguíneo, es decir, la sangre no llega al cerebro en la cantidad que necesita y, por tanto, las células nerviosas no reciben oxígeno y dejan de funcionar.  

Teniendo en cuenta que el riesgo de sufrir un ictus aumenta con la edad, aunque cada vez  más el factor edad-riesgo queda más difuminado, las previsiones de la Organización  Mundial de la Salud estiman que para el año 2050, cuando la población mayor de 65 años está previsto que llegue al 45% del total, casi la mitad de la población de todo el mundo  podría sufrir un accidente cerebrovascular. 

Por qué son importantes iniciativas como el Código Ictus 

Ante estas previsiones parece obvio que contar con sistemas adecuados de diagnóstico y  tratamiento se convierta en algo imprescindible para mejorar la atención de estos pacientes. Y una de las claves es actuar con rapidez cuando se detectan los primeros síntomas. Un metanálisis publicado en ScienceDirect respalda la estrategia El tiempo es cerebro; en concreto, afirma que el tratamiento endovascular rápido —punción  inguinal en menos de cuatro horas— mejora de manera significativa la recuperación de  los pacientes. El objetivo es acortar el tiempo que transcurre entre que se sufre el ictus y se recibe  atención médica. El 30% de las personas que sobreviven se convierten en dependientes  funcionales debido a las secuelas si no se actúa rápido. 

Está demostrado que prevenir el ictus es mejor que tener que adoptar medidas terapéuticas  cuando ya ha ocurrido. Como reconoce el documento Estrategia en Ictus del Sistema  Nacional de Salud, la puesta en marcha de medidas eficaces de prevención puede evitar más muertes por ictus que todos los tratamientos trombolíticos, antitrombóticos y  neuroprotectores juntos.

Desde el año 2008, en España está implantado el Código Ictus, que consiste en la  creación de unidades en hospitales para intervenciones de urgencia. En este sentido, la Sociedad Española de Neurología (SEN) aconseja acudir a un hospital que disponga de una Unidad de Ictus, zonas del hospital que se dedican a la atención del ictus y cuya  implantación ha demostrado gran eficacia durante la fase aguda de la enfermedad. En la línea de esta necesidad, la Fundación Jiménez Díaz, que se incorporó este verano en el Plan de Atención al Ictus de la Comunidad de Madrid, ha puesto en marcha Unidades  de Ictus hospitalarias y ha organizado el Código Ictus en su red de hospitales en la Comunidad de Madrid. El objetivo es optimizar la atención a aquellos pacientes con sospecha de cuadro cerebrovascular.  

En palabras de la Doctora María Araceli García Torres, especialista del Servicio de  Neurología del centro y coordinadora de su Unidad de Ictus, en funcionamiento desde el año 2015, desde que ha sido incluida en la Red de ictus de la CAM a mediados de agosto de este año, se ha conseguido reducir de forma notable los tiempos de atención a los pacientes con patología  vascular cerebral“. 

Todos los hospitales que cuentan con una Unidad de Ictus funcional trabajan bajo el  Código Ictus, que se activa en cuanto reciben la notificación de los servicios de  emergencia. La finalidad es trasladar, tan pronto como sea posible, a cada paciente al  centro más adecuado para que pueda recibir la terapia y los cuidados especializados en estas unidades, una especie de espacio cerebroprotegido. 

Unidad de Ictus: atender al paciente en menos de dos horas  

En el abordaje del ictus, se ha demostrado, tal como refleja una revisión publicada en Cochrane, que la atención en estas unidades específicas reduce la mortalidad, la  dependencia y la necesidad de cuidados institucionalizados. Porque el tiempo que pasa  entre los primeros síntomas —pérdida de fuerza o sensibilidad, debilidad en la cara, brazo y pierna de un lado del cuerpo, visión doble, sensación de vértigo o alteración del habla— y la llegada al hospital no debería ser superior a las dos horas

Esto es posible si se entrelazan distintas acciones con la mayor celeridad posible. El  primer paso es llamar al 112, momento a partir del cual los servicios de emergencia activan el protocolo específico e indicarán cuál es el hospital idóneo en cada  momento, que cuente con una Unidad de Ictus. El centro empieza a preparar todos los  recursos técnicos y humanos para abordar, de forma inmediata, la atención al paciente. 

En el caso de la Unidad Ictus del Hospital Universitario Fundación Jiménez Díaz, “el  tiempo puerta-aguja —desde la llegada al hospital hasta la administración del tratamiento  de fibrinólisis intravenosa— está en 34 minutos”, afirma la Doctora García, mientras que el de “puerta-ingle —el que pasa desde la llegada al centro hasta que se le realiza la punción arterial para la trombectomía mecánica— está en 61 minutos”. 

Se estima que casi un tercio de pacientes de ictus o infarto cerebral podría salvar su vida o evitar una grave discapacidad si se atendiera de forma rápida en las unidades específicas dedicadas a la atención de pacientes con esta patología.  

Unos tiempos de reacción que disminuyen gracias al trabajo de un equipo multidisciplinar formado por expertos en Radiología, Neurorradiología intervencionista, Neurocirugía, Cardiología, Anestesia, Urgencias, Enfermería y celadores, además de Cirugía Vascular, Rehabilitación, Unidad de Disfagia y Trabajo Social, entre otros.

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