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Con una donación de sangre, tres vidas salvadas

Donación de sangre

Mercè Palau


La sangre es imprescindible para la vida —recorre el organismo a través de los vasos sanguíneos para transportar las células necesarias para realizar funciones como respirar—. Cualquier persona, en cualquier momento, puede necesitar una transfusión a lo largo de su vida. Un líquido que no puede crearse de forma artificial y que debe reponerse con el tiempo.

Después de las fiestas navideñas los niveles de reservas están por debajo de su nivel óptimo, sobre todo de los grupos 0+ y B-. Por ello, el Centro de Transfusión de Madrid (CTCAM) ha celebrado el Maratón de donación “Madrid Dona Sangre”, al que se han sumado un total de 27 hospitales madrileños.

El objetivo: llegar a las 8.500 bolsas de sangre —1.200 bolsas diarias— para reforzar las reservas de sangre de la región y poder hacer frente a las necesidades hospitalarias de los próximos meses. 

Por qué es importante donar sangre

Los datos indican hasta qué punto es necesario contar con reservas de sangre: se calcula que una de cada 10 personas ingresadas en un hospital necesita sangre; cada tres segundos alguien necesita sangre; y una de cada dos personas residentes en España necesitará sangre alguna vez en su vida.

Pero hay más. En una intervención quirúrgica pueden consumirse hasta 20 donaciones de sangre; entre dos y cuatro si hablamos de un parto complicado o entre dos y tres en un recambio de cadera. Estos son solo algunos datos que demuestran porqué son importantes las donaciones de sangre.

Donar sangre, por tanto, es un acto no solo necesario sino indispensable porque se necesita para numerosos procesos médicos y patologías, sobre todo en pacientes oncológicos, para cirugía y para trasplantes, así como en caso de hemorragias, anemias graves o accidentes de tráfico. En España se realizan 1.700.000 donaciones al año, con una tasa de 35 donaciones por cada 100.000 habitantes por año, una cifra que debería llegar a las 2.000.000 de donaciones para cubrir toda la demanda.

La donación de sangre es un acto voluntario siempre necesario, de forma constante, porque, a pesar de los avances médicos y tecnológicos, la sangre, por el momento, no se puede fabricar de forma artificial y solo puede obtenerse de las donaciones voluntarias de las personas. La sangre y sus componentes tienen una vida limitada —las plaquetas duran entre cinco y siete días; los glóbulos rojos, 42 días; y el plasma, tres años—. Por tanto, solo donando sangre con regularidad se puede llegar a la cantidad suficiente para cubrir toda la demanda.

Porque, como recuerda la Federación Española de Donantes de Sangre (FEDSANG), una adecuada cantidad de componentes sanguíneos en los bancos de sangre de los hospitales permite el tratamiento a miles de pacientes.

¿Quién puede donar sangre?

Ser donante es muy fácil ya que se trata de un proceso “sencillo, indoloro, altruista, rápido —apenas dura 20 minutos— y muy necesario”, reconoce la Doctora Pilar Llamas Sillero, jefa del Departamento de Hematología y Hemoterapia de la Fundación Jiménez Díaz y de los otros tres hospitales de Quirónsalud integrados en la red pública madrileña —hospitales madrileños Rey Juan Carlos, Infanta Elena y General de Villalba— que han participado en este maratón.

Cualquier persona que tenga entre 18 y 60 años, pese más de 50 kilos y esté bien de salud puede donar sangre después de completar un cuestionario de filiación y preguntas de salud. Las mujeres pueden hacerlo un máximo de tres veces al año, mientras que los hombres pueden llegar a las cuatro veces, siempre que entre donación y donación transcurra un mínimo de dos meses. 

Tras la donación, es importante presionar sobre la zona del pinchazo para evitar hematoma y beber y comer para reponer el volumen de sangre que se ha perdido. La hematóloga Llamas recomienda además evitar el tabaco, el alcohol, realizar ejercicio intenso y cambios bruscos de temperatura “en las dos horas siguientes”.

¿Cómo se usa la sangre donada?

Una vez analizada con una serología de VIH, sífilis, hepatitis B y C, entre otras, se fracciona y se obtienen los distintos componentes. “En cada donación se extraen 450 centímetros cúbicos de sangre, que se analizan para garantizar que cumple con las garantías óptimas y confirmar el grupo sanguíneo del donante”, reconoce la Doctora Llamas Sillero. 

Con una sola donación se puede salvar hasta tres vidas ya que, cuando llega al centro de transfusión, se divide en los tres componentes: hematíes —glóbulos rojos—, plasma y plaquetas, que se transfundirán a cada enfermo en función de sus necesidades.

Los glóbulos rojos suelen usarse en las intervenciones quirúrgicas, hemorragias o trasplantes de órganos; las plaquetas se utilizan en pacientes con cáncer o leucemias, así como trasplantes de médula ósea; el plasma es la parte líquida de la que se obtienen una serie de proteínas para tratar enfermedades crónicas, infecciones o grandes quemaduras. 

Además de separar los distintos componentes, se tipifica la sangre, que puede ser A+, A-, B+, B-, AB+, AB-, O+ y O-. Las personas de este último grupo (O-) pueden donar sangre a cualquier persona, son donantes universales, pero solo pueden recibir de otro O-; los del grupo AB+, por su lado, son receptores universales. Así, cuando se realiza una transfusión, hay que tener en cuenta la compatibilidad de los distintos factores.

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