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El Tribunal Supremo de Estados Unidos revoca la histórica sentencia que garantizaba el derecho al aborto

Activistas a favor del aborto protestan frente al Tribunal Supremo en Washington (Estados Unidos), imagen de archivo. EFE/ Shawn Thew

Casi medio siglo después de la sentencia del Tribunal Supremo de EEUU que consagró el aborto como un derecho, el alto tribunal controlado por una mayoría de jueces conservadores ha revocado la histórica decisión de 1973 Roe v Wade. Si bien no ilegaliza el aborto en EEUU, esta decisión supone que cada estado será libre de regularlo como quiera.

“Es hora de hacer caso a la Constitución y devolver la cuestión del aborto a los representantes elegidos por el pueblo”, señala la sentencia que firma el juez Samuel Alito con el apoyo de Clarence Thomas, Neil Gorsuch, Brett Kavanaugh y Amy Coney Barrett –los últimos tres nombrados por Donald Trump–. “[La sentencia] Roe era escandalosamente incorrecta y contraria con la Constitución desde el día que se decidió”, añade. El pasado mayo, la filtración del borrador de sentencia publicado por Politico ya mostró que había una mayoría de cinco jueces a favor de revocar el histórico fallo de 1973.

El argumento principal del tribunal para derogar el derecho al aborto es que no está desarrollado explícitamente en la Constitución y no es un derecho arraigado en la historia de la nación. “Consideramos que [las sentencias] Roe y Casey deben ser anuladas. La Constitución no hace ninguna referencia al aborto y tal derecho no está protegido implícitamente en ninguna provisión constitucional”, señala la sentencia. Las sentencias de los casos de Roe y Casey sostenían, por el contrario, que el aborto estaba implícito en la cláusula que consagra la libertad en la vida privada. “Esta provisión se ha utilizado para garantizar algunos derechos que no se mencionan en la Constitución, pero estos deben estar ‘profundamente arraigados en la historia y tradición de la nación e ‘implícitos en el concepto de libertad ordenada'”, dice la sentencia.

“El Tribunal Supremo de EEUU ha quitado un derecho constitucional al pueblo estadounidense. No lo ha limitado, simplemente lo ha quitado. Es un día triste para el tribunal y para el país”, ha afirmado el presidente Joe Biden en un discurso. “Han sido tres jueces nombrado por Trump los que están en el núcleo de esta decisión. No se equivoquen, esto es una decisión que viene de un esfuerzo deliberado. Es una realización de una ideología extrema. El tribunal ha hecho lo que nunca había hecho antes”, ha añadido el presidente, que ha afirmado que hay leyes estatales que prohíben el aborto que entrarán en vigor este mismo viernes. 

“La mayoría conservadora del Tribunal Supremo demuestra lo extrema que es y lo alejada que está de la mayoría de este país. Ha convertido a Estados Unidos en un país atípico entre las naciones desarrolladas del mundo. Mi administración utilizará todos sus poderes legales apropiados. El Congreso debe actuar, pero con su voto, ustedes pueden actuar. Ustedes pueden tener la última palabra. Esto no ha terminado”, ha añadido el presidente. Cualquier ley a nivel federal para garantizar el aborto tendría que pasar por ambas cámaras legislativas.

 Tres jueces del tribunal que han quedado en minoría han publicado una opinión particular en la que lamentan la decisión: “Con dolor –por este Tribunal, pero más, por los muchos millones de mujeres estadounidenses que hoy han perdido una protección constitucional fundamental– disentimos”. Estos jueces concluyen que otros derechos constitucionales muy importantes están en peligro porque se podría argumentar que tampoco están arraigados en la historia de EEUU.

El origen de la sentencia

La sentencia del Supremo es una respuesta a un recurso presentado por el estado de Misisipi después de que varios tribunales rechazasen leyes que, en la práctica, suponían la casi prohibición total del aborto. La primera ley en cuestión prohíbe el aborto a partir de las 15 semanas de gestación con la única excepción de deformaciones graves del feto o emergencia médica. La otra ley plantea un veto a la interrupción del embarazo desde el momento en que se detecta el latido del corazón, que se puede dar entre las seis y 12 primeras semanas.

En EEUU, no hay ninguna ley que permita el aborto a nivel federal: lo que existían eran dos sentencias fundamentales del Tribunal Supremo, Roe v. Wade (1973) y Planned Parenthood v. Casey (1992), que han prohibido vetar el aborto en todo el país hasta la viabilidad del feto, es decir, cuando puede vivir fuera del útero, lo que, según el Supremo, está entre 23 y 24 semanas. Norma McCorvey, conocida por el pseudónimo Jane Roe, denunció a su fiscal de distrito, Henry Wade, porque quería abortar, pero la ley de Texas no se lo permitía. El juzgado le dio la razón, pero Texas recurrió al Supremo, que consideró que el aborto era un derecho.

Organizaciones de derechos humanos han denunciado que la revocación de la sentencia es un retroceso de décadas, ya que deja en manos de los estados si permiten o no abortar, y temen que los abortos inseguros y la mortalidad materna aumenten, y afecte de manera desproporcionada a las mujeres con menos recursos.

En mayo, Nancy Northup, directora general del Centro de Derechos Reproductivos, calificó la eventual anulación de la sentencia como “un despojo injustificado y sin precedentes de un derecho garantizado” que ha estado vigente durante casi cinco décadas, así como “el retroceso más perjudicial para los derechos de las mujeres en la historia” de EEUU.

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