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Extrema derecha, errores y alternancia

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La manipulación de la democracia se ha convertido en el paradigma de la extrema derecha, intentan el abordaje de las instituciones sutilmente, su estrategia consiste en erosionar el Estado desde las mismas instituciones, implosionar la democracia valiéndose de los instrumentos que las urnas proporcionan para garantizar precisamente el Estado de Derecho. Esta metamorfosis, paulatina y pertinaz, se está extendiendo, urbi et orbi, poniendo en crisis al sistema democrático.

A diferencia de las estrategias de los partidos democráticos, en los que el discurso y las ideología van adquiriendo mayor protagonismo entre los ciudadanos que la propia figura del líder, los partidos de las extrema derecha basan su éxito en la figura del líder, todo gira alrededor del liderazgo, hasta el punto de conformar espacios estancos dominados por el macho alfa. “La manada democrática” se camufla en discursos vacuos y populistas, aceptando la tergiversación del conocimiento, para a través del odio falsificar la historia y conseguir su propósito, parasitar las instituciones.

Da igual el traje ideológico con el que se disfracen, su método es siempre el mismo, el punto de partida es legitimarse en las urnas para a posteriori reformar la constitución y así establecer mecanismos “democráticos” que garanticen la permanencia en el poder del líder. Desde el socialismo populista de Kim Jong-un, al republicanismo presidencialista de Erdogan, la autocracia de facto de Putin en Rusia o el iliberalismo democrático de Orbán. Algunos permanecen aún al frente de sus responsabilidades de gobierno, caso de los mencionados, otros acaban de llegar, caso de Meloni y algunos que otros lo llevan intentando décadas como Marine le Pen. Otros, como Ayuso, alumna aventajada, tienen la habilidad de camuflarse en las cavernas de los partidos conservadores, en este caso el PP. Todos conforman una nueva extrema derecha, alejada del ruido de sables del pasado, pero agazapados detrás de las urnas, esperando silentes su momento, envuelta en un fascismo social que pretende apropiarse de la democracia para vaciarla de contenido.

Es curioso el caso de Ayuso, a quien solo le falta ponerse un parche en el ojo y gritar muera la inteligencia, ya su compañero Almeida, Alcalde Madrid, ha dado el primer paso glosando la figura de Millán Astray en la inauguración de una escultura que homenajea a la legión. Estos personajes que utilizan la democracia como arma arrojadiza, que emponzoñan la vida cotidiana y  hacen del negacionismo su bandera, deben ser apartado democráticamente de la responsabilidad de gobierno y la única forma es haciendo un llamamiento a la población para que no voten candidaturas con semejantes especímenes al frente. Como ha sucedido en EE.UU o Brasil con Trump o Bolsonaro, analfabetos funcionales, ignorantes en cuánto a desconocedores de la realidad social de la ciudadanía sobre la que gobiernan y que tan solo se ocupan de sus propios intereses.

El sistema democrático nos da a elegir entre opciones políticas distintas, entre líderes de perfiles diversos y nos da la oportunidad de hacerlo libremente y el ejercicio de está libertad hace que el error quede minimizado, el error, en este caso, entendido como la presencia de ideologías que niegan derechos básicos a colectivos frágiles o el cuestionamiento de principios constitucionales, cuando esgrimen la mentira y la desinformación para negar la legitimidad de gobiernos democráticos, dificultando la labor de las instituciones para poder corregir estos errores.

Afortunadamente la democracia no tiene la prerrogativa de la infalibilidad en cuánto a que está gobernada por la condición humana, con sus miedos y sus esperanzas, tan solo los dictadores y sus acólitos se creen infalibles y es por esto que pretenden cercenar la alternancia, que es la única herramienta democrática que permite protegerse de esos errores, corrigiéndolos o evitando que se esté demasiado tiempo cometiendo el mismo error.

De ahí el miedo de la extrema derecha a las instituciones, el miedo a la pluralidad, al sistema democrático y por eso necesitan un escenario cuyos personajes escenifiquen la confrontación, el miedo, el negacionismo y la mentira. Por eso la extrema derecha recorre el camino inverso a la pluralidad, la solidaridad y la justicia social.

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