Primero la covid, luego Ucrania y siempre la falta de relevo generacional y rentabilidad: la ganadería se hunde sin freno

Imagen de archivo de un cerdo en una explotación para la producción de carne de porcino en las islas.

Román Delgado

Santa Cruz de Tenerife —

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¿Quién dijo aquello de vamos a mejorar el autoabastecimiento de carne y leche en Canarias? Si alguien lo afirmó, y seguro que así lo hicieron varios políticos y políticas de las llamadas Islas Afortunadas, ya se sabe o incluso se puede reprochar, pues lo dicen las estadísticas oficiales, que de eso nada: se han equivocado de todas, todas. Así es al menos en el sector pecuario de las islas, y en el agrícola, con una tendencia parecida, en la misma línea; si no, miren lo que pasa, por ejemplo, con la papa del país.

La pandemia de la covid, desatada en marzo de 2020 de forma alarmante; la guerra en Ucrania por la invasión de Rusia y su impacto en el incremento del precio medio de los insumos de alimentación del ganado (muy duradero); la escasa rentabilidad de las explotaciones isleñas, se puede decir que estructural, pese al volumen de ayudas directas recibidas, entre otras con cargo al programa Posei desde 1993 y también las vinculadas a ese conflicto bélico en los últimos años, y, como consecuencia de todo lo mencionado, las dificultades para hacer atractivo el relevo generacional, junto con otras tantas razones de peso, están en el origen de la honda crisis que afecta al sector pecuario isleño, un conjunto de dificultades que a día de hoy se sufren prácticamente sin remedio.

Esa es justo la oscuridad que trasladan los datos servidos este miércoles por el Instituto Nacional de Estadística (INE) en su Encuesta sobre la Estructura de las Explotaciones Agrarias de 2023, indicadores que, lejos de dar ánimos, visibilizan un horizonte bastante negro en las islas, donde peor se observa. 

Si los registros conocidos este miércoles se comparan con el trabajo equivalente anterior, como también lo hace el propio INE y es el Censo Agrario de 2020, se tiene que en un periodo de cuatro años la ganadería de Canarias muestra una innegable caída hacia la nada. Para empezar, se confirma que la actividad cunícula, de cría y engorde del conejo, prácticamente ha desaparecido, o lo hará en breve, salvo milagro, en solo un cuatrienio (con menos del 78% de conejas madre en ese periodo), aspecto que se une al descenso en el censo de cabezas de ganado bovino, con un 35% menos, y a la misma tendencia en porcino, en este caso con una pérdida de animales que se cifra en el 32%.

A modo de resumen, Canarias se ha dejado en solo cuatro años en torno a un tercio de su potencial pecuario, tanto de producción de carne como de leche y huevos, esto en términos aproximados y desde el año de la covid, 2020, al de la recuperación del turismo en las islas, sin duda el ejercicio de 2023 para un año natural completo.

El número de cabezas de ganado en producción disminuye en el mismo periodo de análisis en las seis actividades analizadas, las principales del sector, su top 6, con pérdida de ganado en producción de conejo (madres), la que más; en bovino (leche y su derivación en producción de carne), la segunda mayor; en porcino (carne), con el tercer lugar, y en aves de corral (carne y huevos), con el cuarto. Luego quedan el ovino y el caprino (leche y carne), estos en los puestos que menos sufren esa intensa crisis, con el quinto y el sexto lugar. Son los que menos pierden cabezas de ganado (ovejas y cabras) en términos relativos. La tendencia es muy clara: hacia abajo, descenso, y en algunos casos, como para el conejo, se anuncia y casi se ve o percibe su desaparición no muy lejana.

Canarias, se puede decir, queda más abocada a la importación, a que su despensa, más llena o más vacía, solo despenda, como ya casi ocurre, de lo que venga de fuera, de lo que llegue en barcos, principalmente por esta vía de suministro, y muy poco en aviones. El autoabastecimiento de alimentos, el que se realiza con producciones propias de los ámbitos agrario y pesquero, no avanza (la cesta de la compra básica), y ese hueco se lo cepilla con extrema facilidad la importación de bienes de consumo alimentario con origen fuera de las islas: las expediciones desde el resto de la UE hacia el archipiélago (sobre todo de la Península) y el aumento de las importaciones desde terceros países (con productos frescos, los menos; refrigerados, muchos, y congelados, los dominantes). 

Y esto, aunque solo en parte (para los subsidios definidos para los balances de aprovisionamiento de consumo directo, no los industriales o ganaderos, que son de suministro de materias primas), con ayuda pública comunitaria del Régimen Específico de Abastecimiento (REA), integrado en el marco Posei y con 62 millones de euros disponibles en 2025 en su conjunto.

En el año 2023, y ahora para toda España, había 144.939 explotaciones con ganado en el país, el 10,5% menos que en 2020. De esas, las que tenían aves de corral fueron las únicas que aumentaron en ese periodo de cuatro años, con un pírrico 0,3%.

En cuanto al número de cabezas de ganado a escala nacional, los mayores descensos se dieron en caprino (-12,1%) y ovino (-11,4%), mientras que la única especie que aumentó de 2020 a 2023 fue la de aves de corral (9,5%), algo que tampoco se dio en Canarias, donde la caída afectó a todas las actividades pecuarias.

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