Las matarrasa, una práctica dañina para el monteverde

Imposible razonar
al campesino corriente
que al cortar el monte rente
el bosque va a exterminar.
Piensa que va a mejorar
al crecer todo parejo,
desdeñando el monte añejo
“carente” de beneficio,
arrasando sin oficio
tanto el joven como el viejo.
Jócamo, 21.II.2025
Nota: Decir que viajo a La Palma a menudo, es poco. Nunca he dejado de hacerlo, aunque por razones laborales he vivido más en Tenerife, una realidad que compartimos muchos palmeros de mi generación, demasiados quizás. La necesidad vital de volver al pasado algunos la aborrecen, alegando descubrir en ello sólo ausencias y nostalgias. Lo entiendo, pero no lo comparto; a mí me gusta recordar, repensar o revivir, que es como volver a vivir.
No hace mucho hice uno de esos paseos reflexivos por los montes de la Villa de Mazo, en los que, cuando joven, aprendí a manejar el hacha y el machete con bastante soltura. Entonces, como agricultor, miraba el monte como medio de vida y no como un ecosistema de vital importancia para las islas. Nadie protestaba ni se escandalizaba por la talas a matarrasa, consistentes en la corta total del monte irregular (joven o viejo), para que rebrotara de cepa conformando un vuelo uniforme y que, tras el periodo legal establecido, se autorizaba para volver a ser sometido a la cruel tortura del machete.
Esa práctica errónea y disparatada desde el punto de vista ambiental, entonces era considerada como fuente de vitalidad y renovación para el monteverde, que era como se llamaba globalmente a los bosques de laurisilva y fayal-brezal. Insostenible desde el punto de vista ecológico, casi acaba, como ocurrió en Gran Canaria, con los más frondosos bosques insulares.
Pese al avance de los conocimientos y a la evidencia de la realidad, en islas como La Palma con arraigada tradición forestal, todavía nos encontramos con muchos campesinos honestos (o urbanitas que juegan a ser aprendices de campesinos), empeñados en defender una práctica que, se puede justificar desde la ignorancia o imperiosa necesidad de antaño, pero en absoluto desde el conocimiento y la situación social actual. Urge legislar, planificar y vigilar las explotaciones forestales en los montes privados insulares.
0