Escribir y hablar en español
¿Es tan difícil escribir y hablar en español? Hago esta pregunta últimamente en todas partes. Hace pocos días en un periódico de tirada nacional aparecía el siguiente rótulo: “El 'lawfare' interno de Podemos y Sumar aleja una posible alianza”. Así lo escribe La Razón en portada del 23 de febrero. Y uno se pregunta qué diablos será eso que hace temblar una alianza. Lo he buscado y he leído que eso significa “guerra jurídica”, “instrumentalización de la justicia”, “acoso judicial”. Uno se pregunta si con esas definiciones no habría ya palabras suficientes en nuestro idioma para tener que usar una en inglés. Ya no se trata de hablar o no hablar un idioma. La mayoría de los españoles que han podido han estudiado un segundo idioma en el colegio, en el instituto o en la universidad y algunos hablan tres, cuatro, y hasta cinco idiomas. Aplaudo esa capacidad. Lo que no entiendo es que un periódico nacional utilice palabras en inglés cuando existen en español. No es normal que los medios de comunicación, incluidas televisiones y demás formatos de alcance público, intercalen constantemente palabras en otros idiomas que no sean los que hablamos en nuestro suelo patrio.
Anunciar festivales, muestras de arte, conciertos a gran escala en España en una lengua que no sea la oficial me parece un atentado a nuestra cultura. Con vergüenza veo y escucho a periodistas y profesores de otras latitudes dar lecciones de cómo debemos escribir correctamente en nuestra lengua. Pase que la gente joven diga “bro” en lugar de brother (ya saben: ellos son muy propensos a simplificarlo todo, culpa nuestra, quizá, por haberles reducido la vida a cuatro normas) hablando entre ellos, lo que no es de recibo es que digan en un mal inglés, por cierto, cuatro palabras de cada diez, y peor aún que los adultos les sigan el rumbo. Carteles, anuncios, menús en restaurantes y hoteles, direcciones en carreteras (en la isla de La Palma tenemos una en chino (maravillosa idea, por cierto) aparecen señaladas en inglés y últimamente en alemán. En una recepción de hotel, en Tenerife, leo consternada algo que, según me explicó luego el amable recepcionista, quería decir que estaban todos a nuestra disposición. Yo me alegré mucho, pero estuve a punto de recoger el equipaje y largarme a un campamento de verano y dormir en el suelo.
Hace ya muchos años, cuando comenzaba esta obsesión por agradar a los visitantes, escribí un artículo en la prensa que mi amiga Rosa Jaubert me ha recordado hace poco y que me temo esté de actualidad hoy más que nunca. Se titulaba “¡Hay que ser cursis!” Y cursis con ganas para seguir utilizando el inglés como lengua oficial de determinados eventos sociales o culturales de nuestro país. ¿Es que nos avergüenza ser españoles, que se sepa que somos españoles, o es que seguimos pensando que hablarlo nos hace ser menos dignos a los ojos del mundo como ocurría en los años cincuenta cuando arrastrábamos por ahí una especie de lastre post guerra civil y las madres pensaban que debíamos hablar otros idiomas para salir fuera de la patria no nos fueran a preguntar por la emigración o por Franco al descubrir de dónde éramos? Hay algo de complejo de inferioridad en estas actitudes que desembocan en la cursilería a gran escala [...]
Nosotros, más papistas que el papa o más listillos que nadie, seguimos poniendo nombres en inglés a nuestros actos y celebraciones, deportes, ferias y mercados de arte o de moda. Seguimos utilizando palabras inglesas para referirnos a deportes, exposiciones, celebraciones y determinadas fiestas de carácter nacional [...] Vamos perdiendo palabras y creen que ganamos unas nuevas escribiendo carteles y manifestaciones en una lengua que parece colonizarnos cada día un poco más[…] Eso, por una parte, y, por otra y entrando ya en el terreno jocoso del asunto, es de risa leer esos anuncios de fiestas y jaranas con nombres variopintos que llevan al sonrojo de quienes aún conservan el pudor patrio. En La Palma, por ejemplo, en El Paso, pueden ustedes disfrutar del Cook Music Fiaste, en Barlovento del Barlovento Lagoon Music, en Tazacorte del Love Music Festival, del Mazucator Trail vaya usted a saber dónde, de la Fortius Race en Mazo, de la Nao Race en Puerto Naos, de la Cabra Trail en Puntallana, y de la Palma Fit Games en varios municipios. Y si no nos enfrentamos de una vez por todas a este desastre del lenguaje, a esta bajada de pantalones ante la cursilería y el ver quién ha ido a Londres más veces, nos encontraremos perdidos en este descampado cultural en que nos hallamos. Un buen amigo, Juan Capote, me anotó en un mensaje hace tiempo que “Dentro de unos años leeremos Saint Anthony in the Mountain, fiesta tradicional de Garafía de raíces profundas entre los ganaderos del norte de la isla que, si Dios no lo remedia, celebraremos una vez pasada The Virgin Coming Down”.
Y frente a este dislate, una noticia en una televisión extranjera viene a darme una pequeña alegría: anuncian en inglés y a todo color “La Transvulcania 2025”, una de las competiciones de carreras de montaña más destacadas internacionalmente que tendrá lugar en una isla maravillosa que se llama La Palma (sic).
Elsa López
28 de febrero de 2025
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