Esta línea marca 350 partes por millón (ppm). Ese es el límite en el que debería situarse la concentración de dióxido de carbono (CO2) en la atmósfera. Es el "límite de seguridad" de la Tierra.
La línea gris representa la media mensual de concentración de CO2 en los años sesenta. La línea roja muestra la concentración pero corrigiendo los picos estacionales.
Los datos proceden de la Oficina Nacional de la Administración Oceánica y Atmosférica (NOAA).
En 1988 se rebasa el límite de seguridad. La concentración de dióxido de carbono en la atmósfera alcanza las 352 partes por millón.
En 1994 entra en vigor la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, con el fin de estabilizar las emisiones de gases invernadero (GEI) en la atmósfera. El dióxido de carbono es uno de los principales GEI que causan el calentamiento global.
Tres años más tarde, en 1997, se firma el Protocolo de Kioto, dentro del Marco de las Naciones Unidas. Es firmado por 84 países y ratificado por 46. La Unión Europea, uno de los grandes emisores de CO2 a nivel global, se adhiere.
El Protocolo de Kioto no entra en vigor hasta 2005. En ese momento, la concentración de dióxido de carbono en la atmósfera ya roza las 380 ppm.
Pero la emisión y concentración de gases de efecto invernadero continúa aumentando. En 2015 se superan las 400 ppm.
Ese año se aprueba el Acuerdo de París, también en el Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático. El objetivo: limitar el aumento de la temperatura media global a 1,5ºC respecto a los niveles pre-industriales.
Actualmente, la concentración de CO2 en la atmósfera es de 420 partes por millón. Muy por encima del límite de seguridad de la Tierra, cuyo máximo no debería sobrepasar las 350 ppm.
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