Sobre este blog

No nos gusta la palabra “discapacitado”. Preferimos retrón, que recuerda a retarded en inglés, o a “retroceder”. La elegimos para hacer énfasis en que nos importa más que nos den lo que nos deben que el nombre con el que nos llamen.

Las noticias sobre retrones no deberían hablar de enfermitos y de rampas, sino de la miseria y la reclusión. Nuria del Saz y Mariano Cuesta, dos retrones con suerte, intentaremos decir las cosas como son, con humor y vigilando los tabúes. Si quieres escribirnos: retronesyhombres@gmail.com

La mentira tiene las patas muy cortas

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No nos gusta la palabra “discapacitado”. Preferimos retrón, que recuerda a retarded en inglés, o a “retroceder”. La elegimos para hacer énfasis en que nos importa más que nos den lo que nos deben que el nombre con el que nos llamen.

Las noticias sobre retrones no deberían hablar de enfermitos y de rampas, sino de la miseria y la reclusión. Nuria del Saz y Mariano Cuesta, dos retrones con suerte, intentaremos decir las cosas como son, con humor y vigilando los tabúes. Si quieres escribirnos: retronesyhombres@gmail.com

Leí hace poco este titular: «Estrasburgo avala la censura de anuncios con niños con síndrome de Down en Francia». Si os parece terrible, seguid leyendo. Porque en el cuerpo del artículo se especifica un pequeño detalle omitido: hablamos de spots contra el aborto en los que aparezcan niños felices con síndrome de Down. 

El anuncio que generó la polémica es de 2014, pero hasta hace unos días esta no se ha resuelto. Ciertas publicaciones católicas se toman la libertad de titular así hoy: El TEDH permite censurar anuncios sobre la felicidad de quienes tienen síndrome de Down. No sé si queda claro por dónde voy: apelar a las emociones para tocarle la conciencia al espectador y, en este caso, evitar el aborto. Porque no, esto no va de que se censure que una persona con discapacidad venga a contarte de primera mano lo feliz que puede ser su vida. Va de algo más importante: de la dignidad inherente a cada ser humano y de cómo ciertas ideologías se imponen siempre a la libertad de decisión.

Sabemos que esto es un recurso muy manido, pero no podemos consentir que la discapacidad sea un medio para fines propagandísticos, del mismo modo que ya se ha alzado la voz contra la objetualización de la mujer o el racismo. No sé cómo será la legislación francesa al respecto, pero que esto huele a chantaje emocional es un hecho. La persona que quiere abortar ha tomado una decisión y quiere asumir un paso al frente, con todas las consecuencias. Pensemos pues en todo el trabajo personal, mayor o menor, que ha podido suponer el tomar esa decisión, como para que encima tenga que ser violentada desde la televisión con un anuncio descontextualizado. En otras palabras: empatía.

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