Manu Sánchez: “La ultraderecha se ha colado por la grieta de decirle a los pobres que lo son por culpa de otros pobres”

Se le puede presentar de muchas maneras, pero él está cómodo con lo de “payaso raso”. Manu Sánchez (Dos Hermanas, Sevilla, 1985) ha sido reconocido por el Gobierno andaluz con la Medalla de Andalucía de Valores Humanos, y aprovecha la ocasión para lanzar su mensaje de defensa de los servicios públicos. “A mí me ha salvado la vida la sanidad pública”, repite, de ahí que alerte sobre que, de manera global, “nos están quitando los derechos que nos convierten en humanos”. “Mi sueño húmedo es que Andalucía tome conciencia del verdadero poder andaluz”, lo que combina con el llamamiento a “pelear por una Andalucía en la que todos los días todo el mundo pueda desayunar pan con aceite y jamón”. Y con Melody en Eurovisión y el alcalde, Francisco Rodríguez, recién nombrado secretario de Organización del PSOE andaluz, presume de que “Dos Hermanas está de moda”.
Medalla de Andalucía de Valores humanos, ¿eso es mejor o peor que de las Artes?
No me he planteado si había un camino mejor o peor, creo que el camino es perfecto. Medalla de Andalucía por Valores Humanos es como que en la tierra de la buena gente te den un premio por buena gente. Me parece perfecto y un premio doble, y así se lo hice saber al presidente cuando me comunicó la medalla.
La reseña de la Junta de Andalucía le definía de manera muy fina como presentador, humorista, actor, escritor, conferenciante y empresario, pero después usted en sus redes se describe lo primero como payaso.
Entiendo que a la Junta le ha dado pudor coger lo de payaso, pero es mi profesión y además lo hago como una declaración de intenciones. Es quitarle también solemnidad a un montón de cosas que hacemos, no nos preocupamos mucho de las etiquetas sino de hacer. Nos dedicamos a observar, a contar y a crear historias, y eso puede cristalizar en forma de libro, de programa de radio, de creación teatral… Y lo de la empresa [16 Escalones] fue una decisión consciente en 2007, para controlar y cuidar el producto; ahora somos más de 90 trabajadores. Nos ponemos muy tremendos, muy litúrgicos y muy grandilocuentes, que las cosas suenen muy rimbombantes, pero a mí con payaso raso me vale.
Si España es camisa blanca de mi esperanza, ¿Andalucía qué es?
Quizás la camiseta interior, esa que se esconde, que al final vas calentito porque la llevas, pero no va por fuera. Esa que a veces parece que no es noble para ser enseñada. Esa que igual no hay que plancharla porque como va por dentro no hay que mimarla mucho. Yo creo que no es que Andalucía no sea España, es que España es España porque tiene Andalucía. En un futurible podríamos imaginar una España sin otras regiones, con mayor o menor fortuna, pero en cuanto no estuviera Andalucía, España ya no sería España. Andalucía tiene que tomar conciencia de lo que es cualitativa e incluso cuantitativamente en el juego de la democracia, donde las mayorías importan, tomar conciencia de la de andaluces que somos. Yo no sé si somos los más españoles, pero es donde más españoles hay. Y esa fuerza en número no la estamos usando a nivel nacional para que Andalucía decida qué es España, para que en el pecho de España, esa camisa blanca, haya que bordar con letras de oro el corazón verde de Andalucía.
Eso básicamente es una cuestión política, ¿qué falta, un andalucismo político o que los políticos sean andalucistas?
Es que el andalucismo o es político o no es andalucismo. Yo celebro mucho lo andalucistas que nos ponemos el 28 de febrero y lo andalucistas que nos ponemos en el hospital de las Cinco Llagas y en San Telmo. Pero donde hay que ponerse andalucistas es en el Congreso de los Diputados y en Moncloa. El andalucismo hay que ejercerlo en Madrid, que es donde se reparten la tostada y el pescado. Ahí es donde hay que reivindicar lo propio, donde hay que ver cómo va lo del reparto de la riqueza y de los recursos, donde hay que conseguir los grandes hitos para infraestructuras e inversiones.
¿Echa en falta un partido político andalucista o más bien que todo se tiña de andalucismo?
Lo ideal sería que todos se tiñeran de andalucismo. Mira esta medalla de Andalucía... en realidad creo que le han dado un premio a mi andalucismo, porque yo me considero y lo cuento. Soy andalucista, es en lo que creo y es el camino en el que me muevo. Los valores y lo humano es la definición de andalucismo, por lo menos el andalucismo en el que yo creo. Si lo que falta es un partido andalucista, ese partido creo que ahora mismo en la liza política tendría que definirse. ¿Usted de qué es? No me diga que ni de izquierdas ni de derechas, no puede usted tirar de la manta por los dos lados. No me diga que ni republicano ni monárquico, no me diga que ni federalista ni independentista, que ni regionalista ni lo contrario. Tendría que definirse como partido político y al hacerlo dejaría a mucha gente fuera.
Ojalá ese partido andalucista existiera y ojalá cuando se defina se pareciese mucho a lo que a mí me gustaría que fuese: un andalucismo transversal, porque creo que no tiene que perderse ahora mismo en definirse filosófica y políticamente. Creo que hay grandes cuestiones andalucistas que son transversales: el tratamiento del puerto de Algeciras o la falta de inversión en infraestructuras es algo en lo que se puede poner de acuerdo gran parte del espectro político andaluz e ir a Madrid a pelearlo. ¿Cómo se traduce eso? Pues mínimo en que los congresistas elegidos por listas en Andalucía llevasen los problemas de Andalucía al Congreso.
Una Andalucía rica sería la gran solución: cuando Andalucía fuese rica sería respetada, nuestro acento estaría de moda, nuestras cuestiones serían de primer orden…
¿Pelear un poquito más Andalucía?
Un poquito más, no; algo. Yo con algo me conformaría. Es que sabemos cómo se llama el penúltimo concejal del Ayuntamiento de Madrid y no sabemos el nombre de cuatro consejeros de la Junta seguidos. Es que los informativos nacionales abren con problemas locales de Madrid y con que han cerrado el tráfico allí. Pues mire usted, me ha cogido en la calle Torneo, o en el puente Carranza o en una rotonda en Málaga, qué más me da que esté cerrado el tráfico en el centro de Madrid. Pero ese centralismo de Madriluña hace que todo lo que ocurre en Madriluña parezca información nacional. Y yo no sé desde cuándo no pasa nada en Zaragoza, y dirán en Zaragoza, yo no sé desde cuándo no pasa nada en Córdoba. Y cuando no están los problemas en el debate político, son urgencias y no importan sus soluciones.
¿Cómo sería entonces su partido político andalucista?
Mi partido político andalucista ideal sería de un marcado carácter social centrado en los problemas de los de abajo. Sería de izquierdas, pero teniendo muy en cuenta la generación de riqueza y cuidando mucho también a las empresas andaluzas. Creo que Andalucía, como generadora de riqueza, tiene esa gran tarea de cuidar mucho los derechos laborales de una Andalucía obrera, que cada vez los derechos de los obreros sean más. Pero intentando ayudar en el camino a las empresas, siendo muy exigentes para que respeten esos derechos, pero entendiendo que Andalucía tiene que generar riqueza. Porque una Andalucía rica sería la gran solución: cuando Andalucía fuese rica sería respetada, nuestro acento estaría de moda, nuestras cuestiones serían de primer orden…
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Entonces, ¿aparte de tierra y libertad hay que pedir más cosas?
Hombre, yo es que creo en el reparto de chalés y yates, eso es lo que me gustaría que repartiéramos. Tierra, libertad, eso está muy bien y entiendo que es muy romántico, pero que valen cinco vienas un euro. Lo del pan está muy bien, pero a mí lo que me gusta es cuando veo que comemos todos gambas. Es que hay algunos que están muy preocupados por el ácido úrico de los obreros y de los sindicalistas, que están comiendo gambas. Claro, ¿qué quería, comerse las gambas usted nada más? Es que de lo que estamos hablando es que aquí tiene que comer gambas todo el mundo. Hombre, es que se ha comprado un chalé. Pues claro, es que esto va de que pueda tener un chalé todo el mundo. Yo creo en un futuro en el que podamos repartir gambas, chalés y barcos para todo el mundo: repartamos riqueza, no pobreza.
Entonces, ¿hacia la igualdad por medio de las gambas?
Hacia la igualdad aspiracional a máximos, no que nos igualen por abajo. Que nos igualemos a todos por arriba. ¿Qué come el que está más arriba? Pues eso quiero yo que coma el que esté más abajo para que deje de estar abajo. Es que no podemos igualarnos si hay diferencias, si hay injusticias. La paz social no es la ausencia de conflicto, debe llegar con la ausencia de desigualdades e injusticias. Se habla de una falsa meritocracia donde uno empieza gestionando su vida con cinco pisos gracias al padre y otro teniendo que trabajar y estudiar a la vez para a duras penas pagar el alquiler. Si en una carrera un corredor sale una hora antes, pues claro que va a llegar el primero. Vamos a salir todos en el mismo momento y en el mismo punto, entonces la meritocracia tendrá sentido. Le tenemos que perder el miedo a las gambas, sí, y al chalé y al barco. Nos han metido miedo a las gambas para que se las coman siempre los mismos.
Con el discurso que tiene, ¿le han tentado alguna vez para meterse en política?
Entiendo que todo el mundo tiene derecho a equivocarse, pero creo que la política no se la podemos dejar nada más a los políticos. La política es el arte del día a día y nos influye a todos, y si le dejamos la política a los políticos le estamos haciendo un flaco favor al día a día. Yo creo que podemos pringarnos políticamente los empresarios, los estudiantes y los payasos rasos. Es que se nos ha olvidado que a esto de la política debería de jugar el pueblo entero. Los políticos representan al pueblo, pero para representarlo tendrán que saber lo que opinamos. Si no, ¿cómo saben lo que tienen que decir en nuestro nombre? Por eso me mojo, me gusta dar mi opinión. ¿Que esto me puede cerrar alguna puerta? Vale, lo asumo.
La pregunta iba más sobre si le han ofrecido alguna vez ir en una lista electoral...
Sí, me lo han ofrecido, pero no tiene mucho sentido. Si yo puedo aportar algo es desde mi rol de alguien que se dedica a la cultura. Hay opinión y política en lo que hacemos en el teatro, cuando escribo, cuando presento... Y me siento más libre no perteneciendo a ninguna sigla. Yo sí digo políticamente lo que opino, lo que pienso, de qué pie cojeo. Yo no me he escondido nunca, pero la verdad es que no creo que sea ni el momento ni mi papel estar en una lista política.
Mi sueño húmedo es una Andalucía con peso específico a nivel nacional y estamos viendo que el camino es importar para la aritmética nacional; que cuando haya que conformar gobierno en Moncloa hagan falta los votos de los andalucistas
¿Y en charcos tan de actualidad como el de la quita de la deuda también se mete?
Me meto, claro, pero no siempre tengo la opinión clarísima. A mí me sorprende cuando todo el mundo tiene clarísimo lo que opina de todo. Algunas veces me tengo que parar a pensar, porque sabía lo que opinaba de que la quita fuera solo para Cataluña, pero no para el resto. Pero es que han sacado una carta nueva que ahora la quita es para todos. Creo que es una obviedad que viene a ser como un nuevo café para todos, y tendríamos que analizar qué implica. Pero yo me iría un poquito más allá, a ver el poco peso específico que tiene Andalucía: en ningún momento ha estado sentada en la mesa y ha podido proponer. Ojalá Andalucía consiguiera tener el peso a nivel nacional como para ser quien de verdad toma las riendas de lo que tiene que ocurrir y no es una Penélope paciente que tiene que esperar a ver qué deciden de ella.
Mi sueño húmedo es una Andalucía con peso específico a nivel nacional y estamos viendo que el camino es importar para la aritmética nacional; que cuando haya que conformar gobierno en Moncloa hagan falta los votos de los andalucistas. Creo que hay mucho por hacer en esta tierra como para ponernos de perfil. Insisto, el andalucismo se ejerce en Andalucía, sí, pero el andalucismo hay que ejercerlo donde de verdad es práctico, que es en el Congreso y en Moncloa.
No esconde que está teniendo muchos problemas de salud, y en un reciente discurso en el Parlamento se refirió a la salud y a la educación como las columnas de Hércules del escudo. ¿Qué pulso le ve a Andalucía?
Pues creo que la sanidad es absolutamente prioritaria. Soy consciente de que la manta es corta, y que si invertimos aún más en sanidad habrá menos para turismo, para cultura, para proyección exterior. Lo asumo, como lo he tenido que asumir en mi vida: ha llegado la importancia de la salud y ha tenido que esperar lo demás porque lo importante, lo prioritario y urgente era la salud. Mi oncóloga ve a 30 pacientes en su jornada y le da para 12 minutos con cada uno. Yo he tenido que ir a quimio a las diez de la noche porque era verano y no se habían contratado refuerzos porque había muchos sanitarios con sus vacaciones. Es que ahí es donde yo invertiría, me extraña hasta que haya debate: lo prioritario debería ser defender la sanidad pública andaluza.
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¿Y cree que está en peligro el modelo de sanidad pública?
Yo entiendo que se intenta hacer lo mejor posible, e intento entender que cuando se apoya en algunos servicios de la privada es para cubrir cosas que no puede hacer la pública. Yo no tengo el conocimiento como para tener ahí una opinión tajante, pero me resulta muy raro que la gestión de la sanidad esté en criterios empresariales, porque es que no puede ser rentable. La salud no puede estar bajo criterios empresariales, me parece una barbaridad, la salud tiene que ser deficitaria económicamente pero muy rentable en cuestiones de salvar vidas. Por eso, aunque entiendo que tendrán muy buena intención algunos acercamientos a lo privado en cuestiones de salud, yo no logro encontrarle sentido. Cuanto más reforzásemos la sanidad pública y más se invirtiera, más sentido tendría.
¿Cree que el modelo de lo público en general está en peligro? Ahora está gobernando el PP, y desde la oposición de izquierdas se plantea que tiene un modelo privatizador.
Creo que hay mucha capacidad de mejora en lo público. Yo no me voy a esconder: cuando me vino la bomba y me dijeron tienes cáncer, yo pregunté y dije tengo ahorrado. ¿A dónde me voy? Me quiero salvar, ¿a Navarra, a Houston? Y la respuesta de mi oncóloga fue: ve donde quieras, pero cuando en cualquier lugar del mundo esos casos de cáncer se complican acaban aquí, sobre mi mesa, en la sanidad pública de Andalucía. O sea, partimos de la base de que uno de nuestros grandes pilares es nuestra sanidad pública, y creo que eso es compatible con pensar que tiene mucha capacidad de mejora. Yo apretaría y empujaría. ¿Que la manta es corta? Bueno, pues lo sé. Pero siga usted trayéndose la manta para la sanidad, el resto tendrá que esperar.
Se define como una persona de izquierdas y este reconocimiento se lo da un gobierno de derechas, ¿cómo procesa esto?
Me defino como un montón de cosas. Yo soy una persona de izquierdas porque creo en el justo reparto de la riqueza, pero también soy empresario. Yo voto lo que no me conviene porque es cuestión de principios. Yo voto en conciencia y en cuestión de principios. Voto cosas que después, en el día a día y en la práctica, a mí me vienen mal entre comillas. Creo en la lucha obrera, creo en la lucha de clases, y creo también en otras muchas luchas que nos están haciendo despistarnos de que la lucha de clases está ahí y parece que no está de moda. Yo creo en el feminismo, en el ecologismo, en la lucha contra el racismo, contra la xenofobia. Pero que no nos despisten de la lucha de clases. La lucha de clases tendría que estar encima de la mesa y la estamos diluyendo, dejando de lado.
Yo creo en la Andalucía obrera, del campo, del mar, en la Andalucía de la fábrica. Soy hijo de trabajadores, mi madre es administrativa, mi padre, tornero fresador, mis abuelos trabajaban en el campo y en una fábrica de uralita, mis cuatro abuelos eran analfabetos… Ha habido muchos avances en democracia y hay quien dice que antes se vivía mejor. Pues quien diga esto que se lo mire; antes muchas familias vivían tremendamente peor de lo que vivimos ahora. Yo soy de izquierdas, pero soy también empresario, creo que no hay un antagonismo entre el trabajador y el empresario. Creo que no hay que ver el enemigo en la iniciativa privada. Nosotros hacemos cultura y hacemos cultura rentable, le ganamos dinero a los proyectos empresariales que hacemos. Ni la cultura está subvencionada ni el de izquierdas es el enemigo del empresario. Nosotros somos un ejemplo de eso. Nuestro carácter es obrero, pero somos empresarios.
Creo que es compatible lo que contamos y este gobierno de derechas habla desde una derecha cercana al centro. Creo que somos muchos los de izquierdas que reconocemos en Juanma Moreno una forma de hacer política de derecha cercana al centro, alejándose de los extremos, un modelo diferente al de Ayuso en Madrid, que va a la confrontación, que va al choque. Y desde luego, recibo el premio desde la institucionalidad que tiene la Junta de Andalucía. Te está llamando la institución y hay que respetarla.
En su mundo político, ¿cómo ve el crecimiento de la ultraderecha?
Me parece la gran lacra. Creo que ejerce una función política que es dulcificar a la derecha, hacerla moderada, pero ese monstruo se ha ido de las manos, se ha alimentado más de la cuenta, ya camina solo y parece que viene a comernos a todos. Cuando estudiábamos la extrema derecha de épocas pasadas pensábamos que cómo pudo ocurrir eso. Pues tenemos que tener cuidado porque estamos condenados a repetir la historia si no la conocemos. Y algunos parece que están encantados de repetirla, aun conociéndola, que es lo que me parece especialmente peligroso.
El gran truco, la gran grieta por la que se ha colado la ultraderecha ha sido explicarle a los pobres que su pobreza es culpa de otros pobres. Ahí han destrozado la lucha de clases, no te das cuenta de quién te explota y quién te pisa la cabeza. A usted no la atienden en el médico porque han atendido a otro pobre antes. Y si ese pobre es de otro color o de otra etnia, será por eso. Que nos hayan contado a los pobres que la culpa de que seamos pobres es que hay otros es el gran caballo de Troya por el que se ha colado la ultraderecha. Y contra eso hay que pelear, los pobres son pobres porque arriba hay ricos muy ricos.
Dante reservaba uno de los rincones más oscuros del infierno a los tibios, a los que no se posicionan, que no es su caso…
Muchas veces me dicen que no me meta en nada, que a lo mío. Vale, yo soy humorista y soy director, presentador, empresario, lo que usted quiera, pero soy ciudadano también. Si alguien no quiere venir a verme a una obra de teatro por lo que opino, pues mira, gracias, porque a lo mejor tampoco quería yo hacer reír a ese que tiene problemas porque yo esté en contra de la ultraderecha. ¿Usted es de ultraderecha y no quiere venir a reírse conmigo? Pues me alegro, yo no quiero hacerle reír a usted, que es fascista, racista, homófobo y machista. A usted que lo entretenga su puñetera madre.
¿Hay un riesgo real de que derechos que parecen consolidados se pierdan?
Todos los días. Los derechos son totalmente reversibles, lo estamos viendo, tan fácil como que llegue alguien al poder que quiera dar marcha atrás en la democracia. Hay mecanismos para cambiarlo todo, si es que así lo decide el pueblo. Pues cuidado, porque si el pueblo decide que llegue un majara y que haga cosas de majara, tendremos los derechos que haya decidido el majara. Que tengamos ahora mismo a un decadente imperio americano en manos de unos magnates pijos multimillonarios malcriados diciéndole a los obreros de EEUU cuáles son sus soluciones, a mí me parece que suena hasta a broma. Pero después vemos que eso es exportable, comprable, que Europa está también subiéndose a ese carro. Y eso da sustito.
¿Y qué derecho es el que le da más miedo que se pueda perder?
El derecho a la sanidad pública. En EEUU, por ejemplo, hay gente muriendo en la puerta de un hospital porque no tiene dinero para entrar dentro. Y a mí me han salvado la vida, me han operado cuatro veces ya a vida o muerte. Yo no sé cuánto le he costado al erario público, la verdad, pero a mí no me dijo nadie “la factura es tanto”. Es el derecho a la vida, que podamos perder el derecho a seguir vivos. El derecho a la educación, el derecho a la información, que ahora mismo con los bulos es de los derechos fundamentales. Pero también el derecho a la vivienda, a la igualdad... es que nos están quitando los derechos que nos convierten en humanos y nos estamos yendo a la ley de la selva, a esa meritocracia mal entendida de que entre diez le podemos pegar a uno. Creo que están en peligro todos los derechos, absolutamente todos.
¿Qué es lo que mejor define a Andalucía?
Lo que mejor define a Andalucía es su gente, ahí está su gran fortaleza y también su gran fuerza dormida. Yo creo que el padre de la patria nos conocía bien y tenemos un himno que empieza echándonos una bronca: andaluces, ¡levantaos! Blas Infante sabía que había que tirarnos de la oreja. Si nos dice que hay que levantarse es que no estábamos en pie, que no estamos en pie. Y cuando Andalucía se levante, cuando la giganta se despierte, va a temblar España entera pero no de miedo, sino de felicidad. Porque cuando Andalucía tome decisiones importantes va a ser para el bien común. Porque Andalucía es una madre generosa, pero todavía no sabe lo poderosa que es.
¿Andalucía es más un orgullo o un dolor?
Andalucía es una bonita mezcla entre orgullo y dolor. Tenemos muchos argumentos para estar orgullosos y muchos lunares para que nos duelan. Y eso significa que hay tarea. Yo quiero pensar siempre que cuando celebramos el Día de Andalucía no estamos celebrando el cumpleaños del 28F, sin que venimos a remangarnos. ¿Qué falta por hacer en 2025? Andalucía tiene mucha tarea, hay mucho fregado todavía. Celebremos el 28 de febrero de 2025, orgullosos de todo lo que hemos conseguido en 2025, pero doliéndonos todos los lunares que tenemos en 2025, que son un montón.
Para ser un payaso se está convirtiendo en un símbolo andaluz más que el desayuno del mollete con aceite.
Estoy en contra del desayuno andaluz de mollete con aceite porque creo que le falta jamón. Hay que decirle a los niños que el desayuno andaluz es aceite, mollete y jamón. Es que estamos en lo mismo: se quieren comer el jamón los mismos y que los niños coman pan con aceite. No, tenemos que pelear por una Andalucía en la que todos los días todo el mundo pueda desayunar pan con aceite y jamón.
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