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La burbuja inmobiliaria de aristócratas crece en Ruiloba: mansiones entre vacas y alerta por daños al entorno

El 'Beverly Hills' tolano se sitúa en el barrio de Liandres, de unos cien habitantes.

Blanca Sáinz


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'Papardo': dícese de un pez que llega a las aguas de Cantabria en verano, devora cuanto puede y luego desaparece. Aunque en el lenguaje popular de Comillas y Ruiloba, dos pueblos del litoral cántabro, se entiende más al 'papardo' como esas personas con ínfulas aristocráticas y pertenecientes a la clase alta, principalmente venidas de Madrid, que veranean en la zona.

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Familias de la nobleza, de grandes empresas y de la banca tienen fijadas sus residencias estivales en el occidente cántabro, algo a lo que tampoco escapan altos cargos de la política -incluido algún expresidente- y figuras del periodismo, entre otros muchos veraneantes no tan famosos.

Pertenecen a familias que, como indican los habitantes del entorno, “no tienen demasiado renombre, pero sí mucho dinero desde hace generaciones”. De esta forma, los autóctonos del lugar, que conocen a sagas completas, cuentan que hay “superempresarios”: “El patrón común es que es gente que tiene dinero desde que nació”, ratifica uno de los vecinos consultados.

Hay que remontarse a la segunda mitad del siglo XIX para descubrir cuándo Comillas empieza a aparecer en el mapa. Es gracias al marqués de Comillas y millonario a cuenta de sus negocios con esclavos, Antonio López y López, quien consigue que este pueblo cántabro fuese el primero de España que tuviese luz eléctrica en las calles tras el descubrimiento de Thomas Edison. El comillano también consiguió atraer el arte modernista catalán –Gaudí o Güell– y al propio rey de España, Alfonso XII, que aunque ya veraneaba en Santander, también se vio atraído por la Villa de los Arzobispos.

Y en esa segunda parte del siglo XIX fue cuando la aristocracia comenzó a llegar a Comillas y cuando decidió empezar a comprar propiedades que aún hoy se distinguen fácilmente paseando por el municipio. La numerosa descendencia de esas primeras familias aristocráticas –y católicas– propició la venta de terrenos y construcciones que llevaron a ir incrementando los precios a medida que el municipio se iba quedando pequeño.

Nuevo 'boom' inmobiliario

150 años después de Antonio López y López, a Comillas ya no le quedan lugares donde construir legalmente mientras esas familias no tienen intención de cesar sus viajes al Cantábrico. Así, lugares como Valdáliga, Udías y, sobre todo Ruiloba, están sufriendo una especie de burbuja inmobiliaria, según admite la alcaldesa de este último municipio.

Sara Portilla, regidora del Partido Regionalista de Cantabria (PRC) en esta localidad costera de menos de 800 habitantes, reconoce en una reunión con elDiario.es que el Plan de Ordenación del Litoral les está “salvando” en lo que se refiere a protección del entorno, ya que estos turistas están construyendo sus segundas residencias en los lugares más emblemáticos y con mejores paisajes de la localidad. “Ya no se van a poder pegar más a la costa y, por el otro lado, que está el monte, tampoco. Para nosotros es muy importante que esto siga siendo un pueblo, y si se llena va a ser complicado”, afirma.

Según reconocen desde el Consistorio, dentro de esta nueva burbuja se lleva la palma el barrio de Liandres, cercano a la Iglesia de El Remedio y a unos acantilados conocidos como ‘La Corneja’, que según el censo supera ligeramente el centenar de habitantes. No obstante, aunque el número de residentes no ha aumentado mucho en los últimos años, lo que sí ha crecido son las construcciones. De hecho, este momento hay diez casas en ejecución y, tal y como admite la alcaldesa, se están vendiendo terrenos por 600.000 euros y se están haciendo mansiones de más de tres millones de euros para estos vecinos de temporada.

Asimismo, el aumento de licencias para construir es un hecho, y desde Urbanismo informan que “en este momento” hay 28 casas en construcción, lo que para un pueblo de 759 personas es un número que proporcionalmente resulta extraordinariamente alto. La propia Portilla confiesa que el cemento y las grúas se están convirtiendo en un elemento más de este municipio del litoral cántabro, y desde el departamento de obras del Consistorio apuntan a 2011 como año “desde el que no deja de crecer el número de licencias”.

Pasear por Liandres, sobre todo por la parte cercana a la costa, llamada 'La Marina', es entrar en una especie de 'Beverly Hills' rodeado por fincas con vacas pastando, el mar al fondo y con mansiones cerradas a cal y canto en esta época del año con muros o setos que impiden ver con claridad las residencias y mantienen la intimidad. 

Por ese camino es relativamente sencillo encontrarse con algún expresidente del Gobierno haciendo running y rodeado de sus guardaespaldas, pero también a vecinos del pueblo disfrutando de su entorno. Con varios de ellos, que prefieren no decir su nombre “por si acaso”, habla este periódico y, preguntados por la parte positiva de contar con estos visitantes cuentan rotundos algo que no deja de llamar la atención: “Nos tendremos que conformar con limpiarles las casas, mantenerles el jardín o arreglarles averías. Lo mejor que tiene esta gente es que no mira las facturas cuando se las entregas”, bromean.

Así, se podría decir que Ruiloba, al igual que ocurrió con Comillas, ha decidido entregarse a tener el turismo como actividad económica principal. “Tampoco esperamos que nos pongan aquí una industria”, señalan con cierta resignación extrapolando su situación a la de Cantabria, una comunidad que cada vez apuesta más firmemente por el turismo mientras el resto de sectores económicos se apagan lentamente.

Pero lo que sí que les preocupa a los tolanos –gentilicio de los habitantes de Ruiloba– es la falta de vivienda: “Aquí, o heredas, u optas por una casa de protección oficial, o es inviable. ¿Quién va a poder permitirse gastar cientos de miles de euros solo en un terreno?”, se pregunta un matrimonio de la zona.

Precisamente, el hombre afirma haber estado en algunas de las mansiones –trabajando, claro– y advierte que algunas de ellas tienen hasta capillas dentro de las casas e incluso piscinas en el salón: “Yo no he visto nada igual jamás”, y eso que también ha trabajado en casas de Comillas: “Se ve que las que están haciendo aquí son de mayor abolengo”, insiste. 

Volviendo a la dificultad de los vecinos más jóvenes de asentarse, la alcaldesa tiene claro que este tema está comenzando a convertirse en un “problema” para los tolanos y es consciente de que se puede llegar a desarrollar cierta “animadversión” por parte, sobre todo, de aquellos que no trabajan para los visitantes ricos.

Sobre ello opina también Paulu Lobete, secretario general del partido Cantabristas, muy crítico con este tipo de desarrollos, y quien considera que se está empezando a generar “un conflicto serio”: “La gente está viendo que les están robando sus pueblos y, además, con la colaboración de los ayuntamientos, que son necesarios en esto. El PRC está entregado a este modelo”, denuncia.

Preocupación por la Ley del Suelo

Además, la nueva Ley del Suelo de Cantabria, sacada adelante hace pocos meses por el Gobierno de PRC y PSOE, facilitará construir en zonas rurales, ya que abre la puerta a hacer casas unifamiliares en terreno rústico durante dos años. Así, parece que la compraventa de terrenos está acelerándose para dar cabida a estos visitantes. “Lo que también hay que recordar es que es la gente del pueblo la que vende esos terrenos por muchísimo dinero, y yo he llegado a ver cómo esa misma gente después se queja. Eso es lo que no debería ser así”, añade la alcaldesa regionalista.

De esta forma, lugares como Ruiloba se están convirtiendo en terrenos con una burbuja creciente que no saben hasta dónde llegará. Un vecino relacionado con algunos de estos millonarios comenta que “tienen claro que van a construir todo el litoral cantábrico”: “En los círculos de la clase alta madrileña se lleva hablando de esto desde la crisis de 2008, y ellos te lo reconocen. O sea, que no va a ser una cuestión que afecte solo a Cantabria”, justifica este vecino.

Asimismo, y en datos concretos, desde Urbanismo informan de que desde 2012 se han construido 14 viviendas en suelo rústico. Un número que ha crecido ligeramente desde la aplicación de la nueva Ley del Suelo en septiembre de 2022 ya que, en este momento, hay cuatro viviendas más en tramitación para este tipo de suelo sobre el que se podrá construir con bastante libertad hasta septiembre de 2024.

Por su parte, Lobete advierte de la peligrosidad que ha supuesto esta norma en lo que respecta a salvaguardar el entorno: “Se permite que se construya en suelo rústico de protección ordinaria, pero también se permite construir en el perímetro de viviendas ya construidas, así como construir o rehabilitar un espacio que supuestamente tiene cualquier tipo de actividad agropecuaria pero que terminará siendo un chalé”, explica el político, especialmente concienciado con los problemas derivados “de basar la economía en los de fuera”.

Además, como también admiten los vecinos, Lobete revela que “se están viendo muchos movimientos de gente vendiendo terrenos desde hace un par de años”, algo que deja entrever que aún podría haber más cambios en esta localidad. “Nos han metido la trampa con las áreas de crecimiento controlado porque la Ley ha quedado solo para municipios pequeños, y es lo lógico porque son aquellos que pueden crecer. En Comillas o Noja ya no se puede construir porque está agotado el suelo. En cambio, las actuaciones se reservan para Udías o Ruiloba, que son las zonas que aún están por explotar”, señala.

El verano del norte se distingue porque, a pesar de que muchos de los visitantes también tienen residencia en otros lugares, normalmente optan por quedarse en el Cantábrico durante periodos más largos por dos motivos: el primero, el clima, con temperaturas mucho más suaves que en el Mediterráneo y el sur. Y el segundo, que prefieren estar alejados de ese turismo más popular.

Tanto es así que muchos prefieren disfrutar mínimamente de las playas y restaurantes de la zona y pasan el periodo estival en el Club Estrada, conocido por los locales como como “Club de los Papardos”, que dispone de instalaciones de todo tipo y privacidad absoluta, ya que solo son socias las familias “de siempre”.

Por tanto, este nuevo Comillas, que es como muchos turistas siguen llamando a Ruiloba a pesar de conocer que se trata de otro municipio, alberga cada día a más foráneos que para la alcaldesa “no buscan adecuarse ni integrarse en el entorno, ni con sus vecinos ni nada”.

A Ibiza, Sancti Petri o Sotogrande se suma el litoral cántabro como destino de esta vieja aristocracia donde, más allá de viajes puntuales, comienzan a montar sus propios negocios: “Unos 'papardos' acaban de remodelar una casa aquí en Liandres para alquiler. La noche cuesta 1.400 euros. Es de ellos y para ellos”, argumenta una vecina.

Por su parte, la alcaldesa añade otro dato que deja atisbar el poder adquisitivo de estos visitantes: los nuevos propietarios están comenzando a adquirir, además del terreno en el que construirán su casa, el de al lado, para así evitar “que les quiten las vistas o simplemente que les molesten”.

“Hay muchas personas y empresas por ahí haciendo inversiones inmobiliarias y comprando terrenos... Ya se irá viendo para qué, pero no creo que se esté invirtiendo por invertir”, asevera el dirigente de Cantabristas antes de reiterar que el verdadero problema es “la transformación de los pueblos”. “Lo que estamos viendo es terrible, y en la zona occidental vienen cosas gordas, sobre todo en municipios como Ruiloba, que todavía no están tan reventados”, advierte con el característico tono del que prefiere estar equivocándose.

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