La historia del pueblo de Jaén donde España derrotó a Napoleón por primera vez

Corría el verano de 1808. España ardía. La ocupación francesa, la imposición de Pepe Botella como rey y la abdicación forzada de Fernando VII había provocado una oleada de indignación que acabó en revuelta.
De norte a sur, el pueblo se organizó en juntas para resistir al ejército más temido de Europa.
En Andalucía, aquella improvisada resistencia -sin saberlo- se convertiría en la protagonista de un episodio que cambiaría la historia de la guerra: la primera gran derrota del ejército napoleónico.
Dónde tuvo lugar aquella gran batalla no es sino un significativo añadido a la historia de la primera victoria española contra Napoleón. Pues no fue en una gran ciudad, con un gran ejército ni un gran armamento; sino en un pequeño pueblo jiennense: Bailén.
Lo que comenzó como una campaña de represión por parte del general Dupont se convirtió en un desastre para Francia.
Acosado por guerrillas, diezmado por el calor abrasador -que aún podrás disfrutar si visitas el pueblo en pleno julio- y sorprendido por las tropas españolas del General Castaños, el ejército francés fue rodeado y forzado a rendirse.
Era la primera vez que un general napoleónico capitulaba en campo abierto. Bailén dio el pistoletazo de salida a la reconquista del pueblo español.
Un pueblo en el corazón del mapa europeo
El lugar de la batalla no fue elegido por estrategia, sino por azar. Bailén, situado entre Andújar y La Carolina, fue el punto de encuentro entre dos ejércitos que se buscaban sin saberlo.
El general francés, con sus tropas exhaustas, intentaba reorganizar su ruta hacia Madrid. Los españoles -con más entusiasmo que experiencia- buscaban cortarle el paso.
En un giro del destino, ambos bandos se toparon en las afueras del pueblo el 19 de julio de 1808.
Durante más de diez horas, y bajo un sol abrasador, se enfrentaron sin descanso. Las tropas españolas resistieron ataques de caballería pesada, soportaron bombardeos y sufrieron embestidas cuerpo a cuerpo. Pero lograron contener a los franceses hasta que llegaron los refuerzos.
Reding y Castaños: dos generales y una victoria
Aunque fue el general Castaños quien recibió los honores por la victoria, fue Teodoro Reding el que comandó directamente las tropas en el campo de batalla.
Gracias a su pericia táctica y a su habilidad para mantener la moral de sus hombres, logró organizar una defensa en forma de media luna que frenó los avances franceses.
A medida que avanzaba el día, el calor y la falta de agua minaban a los soldados galos. Las tropas españolas, reforzadas por milicianos, regimientos de línea y hasta pastores armados con garrochas, repelieron los últimos intentos de ruptura.
Cuando la columna de Castaños selló la retirada desde la retaguardia, a Dupont no le quedó otra que rendirse.
La noticia que sacudió Europa
La capitulación del general Dupont fue un golpe durísimo para Napoleón. No solo se perdieron más de 17.000 soldados franceses, sino que Europa entera descubrió que el todopoderoso ejército imperial podía ser vencido.
La rendición en Bailén fue la primera que sufrió Francia desde 1801 y encendió la chispa de nuevas rebeliones en el continente.
La derrota obligó a José Bonaparte a abandonar Madrid apenas cinco días después de haberla ocupado. Y en Francia, la caída de Dupont fue tan estrepitosa que Napoleón lo encarceló durante años.
Mientras tanto, los prisioneros franceses eran enviados a la isla balear de Cabrera, donde miles murieron de hambre o enfermedad en uno de los episodios más oscuros de la posguerra.
Una victoria que no impidió más años de lucha
Bailén fue una inyección de moral para los españoles, pero no significó el fin de la guerra. Napoleón respondió personalmente invadiendo de nuevo la península y tomando el control de muchas ciudades.
La resistencia, sin embargo, nunca se apagó. La guerra duraría hasta 1814 y dejaría miles de muertos, ciudades arrasadas y una profunda herida histórica.
Aun así, la batalla de Bailén permanece como uno de los momentos más brillantes de la historia militar española. Un símbolo de cómo un pueblo, con recursos limitados y bajo un liderazgo improvisado, pudo derrotar al ejército más temido del mundo.
Hoy, Bailén no solo es un nombre en los libros de texto: es un lugar que resiste el olvido, como sus paisanos resistieron hace más de dos siglos el avance de un imperio.
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