El factor emocional de la opa del Sabadell

En las batallas no solo conviene tener los flancos bien cubiertos, sino mantener activos tantos frentes como sea posible. La estrategia de Banco Sabadell para defenderse de la oferta pública de adquisición (opa) hostil lanzada por el BBVA responde a esta lógica belicista. Mientras el consejo de administración del banco catalán, capitaneado por César González-Bueno, se ocupa del flanco racional y alardea de un crecimiento del negocio y del valor de la entidad sin parangón, los pequeños accionistas se encargan del costado emocional. Números y corazón, todo suma.
Hace meses que el abogado y expolítico Jordi Casas -hoy con cargos en la patronal catalana Fomento del Trabajo y en el Consejo Económico y Social (CES)- se pasea por las principales ciudades españolas para convencer a los pequeños accionistas del Sabadell, como él, para que rechacen la opa. Lo hace con el sombrero de presidente de la Asociación de Accionistas Minoritarios de Banco de Sabadell, entidad impulsada por él mismo a finales de septiembre con este propósito. Calcula que en estos momentos el 48% de los accionistas son minoritarios y el 51% grandes fondos.
Este jueves aterrizó en Madrid. El lugar elegido fue el selecto Club Financiero Génova -el equivalente al añoso Círculo Ecuestre de Barcelona, pero con unas envidiosas vistas de la capital-, a una distancia prudencial de La Vela, el imponente edificio que preside la ciudad corporativa del BBVA, y a escasos 11 minutos andando de la sede la Comisión Nacional del Mercado de la Competencia (CNMC), donde muy probablemente se va a decidir el futuro de la operación en los próximos meses. Y lo hizo acompañado de Joan Corominas, tataranieto del primer presidente del Banco Sabadell, y de Joan Llonch, nieto de otro presidente. El pedigrí de seis generaciones en pleno corazón financiero de Madrid.
“Los temas emocionales son importantes”, empieza Casas ante un nutrido grupo de periodistas económicos y financieros. “El BBVA no ha evaluado bien quien tiene enfrente, y es importante que se sepa para entender nuestra oposición”. Recuerda el exdiputado y exsenador de CiU los orígenes del banco, que fue fundado por el Gremio de Fabricantes de Sabadell (creado en 1559) como instrumento financiero al servicio de los industriales de la comarca para facilitar la financiación de las importaciones de lana procedentes de Argentina. “Este es el espíritu fundacional del banco, estar al lado de las pequeñas y medianas empresas y acompañarlas en sus planes de crecimiento”, explica quien fuera delegado del Govern de la Generalitat en Madrid entre 2011 y 2013.
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Si el Barça es más que un club, el Sabadell es más que un banco, vienen a decir. “Y esto no puede acabarse por el capricho del BBVA”, tercia Corominas, para quien la operación planteada por el BBVA “no es interesante desde ningún punto de vista: destruye puestos de trabajo, 5.000, según dicen, se reduce la capacidad de las pymes para financiarse porque se hay un banco menos y es un mal negocio para los accionistas”.
¿El dinero tiene sentimientos? “¿Cuál es el límite sentimental para aceptar la oferta?”, se pregunta en el almuerzo. “Está en función de las expectativas del Sabadell”, se apresura Llonch, quien asegura que el valor teórico de la acción se eleva a 2,90 euros, frente a los 2,66 euros del cierre del jueves. “Los accionistas no quieren vender”, insisten, pero, no rehúyen la cuestión: “Lo mínimo razonable sería una cantidad alrededor de los 3,7 euros”.
El presidente ejecutivo del BBVA, Carlos Torres, ha reiterado en numerosas ocasiones que el banco de origen vizcaíno no piensa mejorar la oferta y que espera la decisión de la CNMC, que está analizando la operación para ver si entraña riesgos, más temprano que tarde (incluso antes de Semana Santa). Pero todo tiene un precio.
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