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La sumisión de Abascal a Trump abre una nueva brecha en Vox

Trump, en el acto en el que felicitó a Abascal por su "gran trabajo".

Carmen Moraga

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El seguidismo incondicional de Santiago Abascal a las decisiones que está tomando Donald Trump en política exterior y su falta de empatía hacia cualquier discrepancia interna han logrado abrir serias grietas en Vox, un partido acostumbrado a rendir culto al líder. A Abascal no solo le está creciendo una corriente crítica interna, sino que está viendo cómo algunos de sus más fieles colaboradores se están atreviendo a llevarle la contraria, criticando sin tapujos a su idolatrado presidente de EEUU.

El martes el general de brigada de Infantería, retirado, Agustín Rosety, uno de los fichajes estrella de Abascal para las elecciones de 2019 –en las que el partido de extrema derecha consiguió entrar por primera en el Congreso–, anunció a sus más allegados que abandonaba Vox precisamente por no estar de acuerdo con el rumbo de la política internacional que había adoptado la dirección. El militar llevaba días lanzando duras críticas en la red social X a Abascal por el seguidismo a Trump en todas sus decisiones pese a ser contrarias a lo que el partido había defendido hasta entonces. Muchas de esas ideas chocan incluso con la defensa de los intereses de España, como es el caso de la imposición de aranceles que van a entrar en vigor.

Rosety aseguró que Abascal se había convertido en el “lamebotas de Trump” por alinearse con Putin en la guerra de Ucrania, país al que su antecesor, Joe Biden, regó con millones para que pudiera defenderse de la invasión rusa. “Ser un patriota no es ser un lamebotas de Trump y aplaudir acríticamente todo lo que dice y hace”, le soltó el militar, que sufrió por ello numerosos insultos y ataques de cuentas de X afines a Vox, mientras otros compañeros de filas le respaldaban y lamentaban su marcha, e incluso le despedían con honores. Entre estos últimos estuvo el exdiputado Víctor González Coello de Portugal, que fue el que alertó de su baja y parece estar de acuerdo con el militar. También lo apoyaron parlamentarios depurados como Víctor Sánchez del Real y Rubén Mansó.

Como Rosety, otros dirigentes de la formación de extrema derecha se han atrevido estos días a manifestar su desacuerdo con algunas manifestaciones y posicionamientos del presidente estadounidense, pese a tener de él una alta consideración como político. Eurodiputados como Hermann Tertsch o Juan Carlos Girauta han alzado la voz contra Trump por llamar “dictador” al presidente ucraniano Volodimir Zelenski. En un post que luego intentó matizar, Tertsch aseguró que ese ataque a Zelenski era “el primer gran borrón del presidente Trump” y una “innecesaria diatriba” contra el presidente ucraniano.

Su compañero Girauta se apresuró a respaldar el mensaje de Tertsch, asegurando además que quienes “pierdan de vista” que Putin es el agresor y el “pueblo ucraniano, el agredido”, se “equivocarán”.

El último en sacar los pies del tiesto fue Javier Ortega Smith, actual portavoz de Vox en el Ayuntamiento de Madrid, que fue uno de los fundadores del partido. El diputado y concejal madrileño, que ya en anteriores ocasiones no ha ocultado su malestar con la cúpula del partido de la que él fue vicepresidente, concedió este miércoles una entrevista a Onda Madrid en la que reconoció que se ha “sentido traicionado y engañado por Vox” en diferentes momentos. El dirigente madrileño se desmarcó después de la línea que ha impuesto Abascal dee adoración a todo lo que hace Trump. “Si Trump decide imponerle a España unos aranceles que hacen daño a la economía, no podemos estar de acuerdo; si decide darle la espalda a un país europeo como es Ucrania, repartir sus fronteras y llegar a supuestos acuerdos de paz sin tener en cuenta a la nación agredida, no podemos estar de acuerdo”. Para que nadie pensara que se había cambiado de bando Ortega Smith aclaró que seguía en contra del “globalismo woke”, pero insistiendo en que no se deben “comprar todas las políticas de Trump”, ni se debe perder la “libertad para criticar lo que perjudique a España”.

Mientras tanto, desde la dirección nacional han tenido que salir al paso para negar tajantemente que el partido se haya entregado a Putin, como también les acusan la Fundación FAES de José María Aznar y el PP. El portavoz nacional de Vox, José Antonio Fúster, cargó el pasado lunes tanto contra la fundación como contra el líder del PP, Alberto Núñez Feijóo, por acusarles de estar “respaldando” al presidente ruso. FAES acababa de publicar un comunicado en el que critica a Vox tras la participación de Abascal en la convención trumpista en Washington asegurando que se ha sumado a la “quinta columna del Putin club”. El texto también criticaba la adhesión de Vox a una “Internacional nacionalista” al respaldar políticas como los aranceles contra productos españoles. Por su parte, Feijóo reprochó a Abascal que le diga a Trump “a todo que sí”. A juicio del gallego, se pueden defender los intereses de España y mantener una postura “equilibrada” en las relaciones internacionales sin caer en la “sumisión”, como cree que hace Vox.

Fúster quiso insistir. “Es falso que Vox se ha entregado a Putin, fuimos los primeros en denunciar la invasión inmoral e ilegítima de Rusia a Ucrania”, protestó, desde la sede del partido. “Los que han abandonado a Ucrania son PP y PSOE, que le dieron poder a Putin para invadir a Ucrania a base de comprarle gas”, añadió, mientras Abascal seguía pavoneándose de su reciente viaje a Washington en donde asistió a la cumbre trumpista de extrema derecha. En ella, además de entrevistarse y lograr una foto con el magnate Elon Musk para buscar su apoyo -y posiblemente también su futura financiación-, Abascal se cuidó mucho de pronunciarse en contra del mandatario estadounidense, al que venera e idolatra. Más aún después de que le mencionara en su discurso para agradecerle su trabajo en España pese a no supo pronunciar bien su apellido y le llamó “Santiago Obescal”.

A todo esto hay que unir el descontento interno que hay contra la dirección nacional por las últimas expulsiones de cargos que han osado reclamar “más democracia interna” y la vuelta “los principios fundacionales de Vox”. Ese descontento, que sigue creciendo, se ha traducido en la articulación de un movimiento crítico cuyos promotores se dieron cita el pasado fin de semana en un hotel de Madrid. 

Los congregados firmaron un manifiesto –la Declaración de Barajas– que han adjuntado a una carta enviada el pasado martes a Abascal en la que le piden una reunión para exponerles sus quejas porque creen que hay un grupo de dirigentes que, con su complacencia, “han secuestrado al partido”. En la carta, le exigen una “refundación” de Vox así como que rinda cuentas por algunos de sus más recientes decisiones, como romper los acuerdos de gobierno con el PP. Además, creen que el partido debe recuperar las primarias para elegir a todos sus cargos y a los cabezas de lista de todas las elecciones que la dirección de Vox suprimió definitivamente en 2020 por medio de cambios estatutarios.

Los críticos también reprochan a Abascal que haya impulsado en el Parlamento Europeo el grupo Patriots con el húngaro Viktor Orbán, que se ha declarado afín a Putin en lugar de permanecer en ECR, el partido de los reformistas y conservadores que lidera Giorgia Meloni, otro de los motivos que llevaron al militar Rosety a abandonar Vox.

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