ENTREVISTA
Secretario general de CCOO en Sevilla

Carlos Aristu, líder de CCOO en Sevilla: “El alcalde ha comprado el discurso medieval de Vox para aprobar su presupuesto”

Carlos Aristu, secretario general de CCOO en Sevilla, en la sede del sindicato.

Antonio Morente

Sevilla —
2 de abril de 2025 00:55 h

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Tras estrenarse en 2021 como secretario general de CCOO en Sevilla, Carlos Aristu (Sevilla, 1976) ha sido ahora reelegido con un apoyo del 95% para otros cuatro años. A su juicio “siempre hay motivos para la lucha, y más ahora”, para lo que pide en el sindicato a “gente con ganas de ser optimista”. Critica al alcalde de la capital, José Luis Sanz (PP), por su pacto presupuestario con Vox, alerta de que en Sevilla “siguen existiendo muchos espacios jungla en lo laboral” y advierte: “No faltan camareros, faltan buenos salarios para que haya camareros”.

¿Se ha presentado a la reelección porque le quedaba algo por hacer?

En lo interno estaba pendiente consolidar un sindicato unificado, que es algo que hemos construido cada uno de los días de estos cuatro años, y eso finalmente se ha concretado en una dirección de unidad con un respaldo prácticamente unánime. Y luego hay muchas cosas pendientes. Estamos muy orgullosos de lo que hemos hecho estos cuatro años, pero creemos que todavía hay mucho espacio para ser un sindicato accesible y permeable, el espacio de refugio para las mil y una maneras que hay hoy de ser trabajador o trabajadora.

¿Lo más satisfactorio y lo más frustrante en estos cuatro años?

Lo más satisfactorio es ver que hemos generado un relevo generacional, no sólo en la unión provincial sino en el conjunto de las estructuras del sindicato, y que se incorporan hombres y mujeres sindicalistas que son muy representativos del mundo del trabajo de hoy. Lo más frustrante es que vivimos en tiempos confusos, donde hay muchísima gente que tiene ansiedad e incertidumbre por lo que pueda venir y hay una parte importante de ese desconcierto social que está siendo canalizado por discursos de odio. Esto se traduce en un reto para el sindicato, que es tratar de generar una manera de superar esta etapa en clave de defensa de un modelo de igualdad y, sobre todo, de la democracia. Nosotros fuimos un actor protagonista en la conquista de la democracia en este país y estamos llamados a ser un actor protagonista de la defensa de la democracia en estos momentos.

Hay una sensación de vulnerabilidad del sistema de educación superior, que hoy está en retroceso porque lo privado (con el apoyo de los gobiernos conservadores) está generando un objeto de negocio

¿Cree que esto puede hacer que haya servicios públicos que estén en riesgo de verdad?

Hay datos que son innegables. Por un lado, la sanidad pública hoy en Andalucía no está al nivel que estaba y estamos en un franco proceso de deterioro. Por otro, la sensación de vulnerabilidad del sistema de educación superior, que hoy está en retroceso porque lo privado (con el apoyo de los gobiernos conservadores) está generando un objeto de negocio y eso produce una segregación social también hasta en los niveles de Primaria y Secundaria: la falta de activos para los niños y niñas de colegios públicos con necesidades educativas especiales hace que no tengan los recursos necesarios para no quedarse atrás. O el sistema de la dependencia, que estaba llamado a ser un factor de cohesión y de igualdad, con una ley que en Andalucía se incumple de forma sistemática.

La percepción es que hay malestar social con estos servicios públicos, ¿por qué ni el sindicalismo ni la izquierda están sabiendo capitalizarlo?

Ha habido y hay importantes movilizaciones sanitarias masivas, porque hay un descontento generalizado en relación con cómo se gestiona la sanidad pública. Es cierto que eso no se ha canalizado a una alternativa política que a día de hoy pueda generar sensación de alternancia. Eso no es una responsabilidad del sindicato, es una responsabilidad de las izquierdas: hablo de todas, que tienen la responsabilidad y la obligación de renovarse y de presentar horizontes de confianza para que la gente le vote, hace falta una alternancia política que genere certezas. Yo creo que el sindicato sí ha hecho su trabajo en cuanto a tratar de canalizar, probablemente de manera insuficiente, pero el cómo eso se traduce en una urna es responsabilidad de quien se presenta a las urnas y es política.

En estos cuatro años, ¿en qué ha cambiado el sindicalismo y en qué lo ha hecho el empresariado?

Creo que ha cambiado bastante más el sindicalismo que el empresariado. El sindicato que yo represento es contemporáneo, con casi 4.000 delegados y delegadas sindicales en la provincia de Sevilla en actualización permanente para adaptarse a los cambios que hay en la empresa y en el trabajo. Y lo que veo en el otro lado de la mesa de negociación son organizaciones empresariales antiguas, con los mismos interlocutores de siempre y jugando al mismo partido de siempre. Hoy gozamos de buenos indicadores económicos, con mejoras de productividad, de crecimiento de las empresas y de rendimientos empresariales. Nosotros jugamos a eso, pero al otro lado de la empresa nos encontramos a patronales rancias y anquilosadas en el discurso de siempre de jugar a la baja, de querer rebajar el coste de la fuerza de trabajo por la vía de los salarios sin responsabilidad del momento económico que vive este país.

En el campo hay titulares de fincas e intermediarios que hacen la labor necesaria para que siga habiendo bolsas de explotación laboral que en muchos casos se asemejan a la esclavitud

Los pilares de la economía en Sevilla siguen siendo hostelería y campo, ¿qué sector está en peores condiciones laborales? Porque en los dos suele haber denuncias de casos extremos.

Echamos en falta una patronal del siglo XXI en la hostelería y en el campo. En el caso de la hostelería, nos encontramos a una patronal que no reconoce los indicadores de crecimiento y que se niega a que eso se redistribuya con un aumento significativo de los salarios o con formación para que los trabajadores y trabajadoras se sientan vinculados y planteen una carrera profesional para ofrecer un servicio de mayor calidad. Y el sector hotelero se niega a participar de debates en torno a la tasa turística. Por su parte, en el campo hay titulares de fincas e intermediarios que hacen la labor necesaria para que siga habiendo bolsas de explotación laboral que en muchos casos se asemejan a la esclavitud y que desgraciadamente, además, en muchos casos afectan personas inmigrantes. Esos son retos para el sindicato, el ser capaz de llegar a todos esos espacios sombra, a esos espacios jungla que siguen existiendo en la provincia de Sevilla.

¿En Sevilla faltan camareros o faltan buenos salarios?

Faltan buenos salarios para que haya camareros, como también faltan buenos salarios para todas las enfermeras, médicos, ingenieros informáticas que, después de haber sido formados con fondos públicos en Andalucía, se fueron para vivir dignamente. Hace falta invertir y pagar mejor en una provincia donde hay muchísima gente fuera que está deseando volver a trabajar de lo suyo pero con salarios que le den para vivir, especialmente con el incremento de precios de la vivienda. Ya no es discutible: con el salario medio actual y el precio de la vivienda no es sostenible vivir en Sevilla. 

Tampoco ayuda que haya viviendas protegidas a 350.000 euros, ¿no?

Quien sostenga ese argumento sólo lo hace desde una posición privilegiada, probablemente en una casa pagada desde hace mucho y muy alejado de la realidad. Y es hasta irrespetuoso con la dificultad que viven muchas familias, y especialmente la gente joven, para acceder a la vivienda. Lo que tienen que hacer los responsables políticos de una y otra administración es descender a ese barro y hacer políticas de vivienda de verdad y no volver a clichés del pasado que lo que generaron fue un reforzamiento de la burbuja inmobiliaria en 2008. En esta provincia hay cerca de 90.000 viviendas vacías sobre las cuales se puede intervenir, y existe la posibilidad de promocionar vivienda pública asequible. Lo que hay que tener es voluntad política: no jugar para los intereses de Gaesco o de los promotores inmobiliarios y sí para los intereses de la gente que necesita una vivienda. Porque muchos responsables políticos tienen la tentación de repetir medidas, como las desgravaciones fiscales, que en 2008 dieron unos resultados que ya conocemos.

¿Los pisos turísticos son el mejor reflejo de la burbuja inmobiliaria y de la turística?

Los pisos turísticos son un factor de desestabilización del mercado inmobiliario, pero no solo. Más de la mitad de las viviendas que se compran en este país se hacen sin hipotecas, porque quien las compra son grandes tenedores para uso turístico y también propietarios que tienen varias viviendas para especular con el mercado. O hacemos política para que la vivienda sea un bien de necesidad o será un bien de especulación, y ahí sufrirá la mayor parte de la población.

Desde ese punto de vista, ¿qué le parece la acción de la Junta de Andalucía de promover más de 200 pisos de lujo en un solar público, sin ninguna VPO?

Esa promoción no soluciona el problema de la vivienda para el 95% de la gente, que lo que está necesitando son ofertas ajustadas a su bolsillo. Cada parcela de suelo público debería tener al menos un 75% de viviendas protegidas, con una parte de renta libre exclusivamente para ayudar a entidades públicas como Emvisesa a pagar las VPO. En Sevilla una persona joven de hasta 25 años que trabaja no llega a los 8.000 euros anuales de renta salarial. Que me explique a mí el alcalde cómo se puede acceder así a una vivienda en esta ciudad.

Precisamente el alcalde, José Luis Sanz (PP), sacó adelante el presupuesto de este año gracias a un pacto con Vox, ¿qué valoración le merece?

Pues que José Luis Sanz es el alcalde que Vox quería, en el sentido de que ha aprobado un presupuesto que se aleja por completo de lo anunciado. Deja abandonados a la mayor parte de los barrios que más inversiones necesitan, y eso es fruto de comprar la cacería presupuestaria que impuso Vox eliminando las partidas que hacen de Sevilla una ciudad moderna y contemporánea: criminaliza las partidas dedicadas a facilitar la integración de las personas inmigrantes e invisibiliza las políticas contra la violencia machista. Ese discurso lo compra el alcalde. Y también elimina cualquier medida para eliminar una brecha salarial entre hombres y mujeres que es de 5.300 euros en esta ciudad. Ha eliminado partidas que gestionaba CCOO que eran para atender a trabajadoras precarias, víctimas de acoso sexual o en riesgo de violencia machista. CCOO va a seguir haciendo lo mismo, porque el 98% de nuestros ingresos dependen exclusivamente de nuestras cuotas, pero eso es lo que ha eliminado José Luis Sanz: el alcalde de Sevilla ha comprado el discurso medieval de Vox para aprobar su presupuesto.

El alcalde está comprando en cada pleno los votos de Vox a cambio de cualquier cosa, por lo tanto hace tiempo que José Luis Sanz cruzó la línea roja de lo que consideramos como una sociedad democrática

¿Y qué le parece que el alcalde defienda que no se ha cruzado ninguna línea roja?

El alcalde está comprando en cada pleno los votos de Vox a cambio de cualquier cosa, por lo tanto hace tiempo que José Luis Sanz cruzó la línea roja de lo que consideramos como una sociedad democrática. Cuando se intuía la posibilidad de bloqueo presupuestario, CCOO, UGT y la Confederación de Empresarios consensuamos un documento con propuestas que pudiera servir para la negociación entre el gobierno y la oposición. José Luis Sanz lo escondió debajo de una mesa y se convirtió en el alcalde que Vox quería con un presupuesto con el que Sevilla pasa de ciudad contemporánea a medieval.

¿Y hacia dónde camina la cuestión?

Yo es que tengo la sensación de que el gobierno que hay ahora mismo en Sevilla no tiene proyecto de ciudad, echo en falta que se nos explique por dónde tiene que avanzar. Estamos a la espera de que nos permitan aportar propuestas en un aparato institucional al que parece que sólo acceden los amigos del establishment económico de esta ciudad. Y luego, el alcalde no acaba de enterarse de que hay movilizaciones semanales de la plantilla municipal para denunciar la falta de cobertura de vacantes en servicios esenciales y de que hemos estado a las puertas de una huelga de Lipasam. Si el alcalde lo que quiere es un mandato caliente, es lo que se está construyendo.

Apuntaba a la brecha salarial que hay en Sevilla, ¿eso no es más responsabilidad del empresariado?

El mayor obstáculo es que al otro lado tenemos una estructura empresarial sevillana que tiene absolutamente interiorizada la sociedad patriarcal que somos en general, porque en Sevilla la brecha salarial es sensiblemente superior a la media nacional. Es decir, que el empresariado sevillano es más machista que el empresariado nacional. Las empresas tienen que hacer la actualización contemporánea que hoy cualquier sociedad se exige a sí misma.

¿No es muy casposa la imagen que transmite del empresariado?

Es que, con honrosas excepciones, el empresariado sevillano es casposo y necesita actualizarse. Porque no persigue los muchísimos ejemplos de modelo jungla que siguen caracterizando a no pocos sectores de esta provincia. Tampoco hace frente común para defender la necesidad de recuperar peso industrial frente a otros territorios, y se apunta poco a los discursos por la igualdad que deben hacer avanzar a una sociedad como Sevilla.

Ha hecho mención en varias ocasiones a la ultraderecha, ¿es un fantasma que le asusta?

Para mí es una amenaza real, no sólo por su porcentaje de votos sino porque el discurso de la extrema derecha está calando también en las derechas extremadas. Y por desgracia, hemos perdido la posibilidad de tener una derecha conservadora al modelo europeo reconocible. Y cada vez más escuchamos por la boca de representantes del PP un discurso retrógrado fuera de los marcos de consenso democrático, y eso es un factor de riesgo. Pero también estoy convencido de que lo que hace falta es recuperar en cualquier espacio de socialización, ya sea un local sindical, una asociación política, una asociación de vecinos o el bar donde uno se tome el café, la posibilidad de defender los consensos. La gente tiene ganas de vivir relativamente tranquila y mejor, y en ese sentido hay que rechazar cualquier discurso de odio: en los futuros deseables nunca están presentes los discursos de odio.

Pero la ultraderecha cada vez tiene más voto obrero, ¿cómo se le queda el cuerpo con eso?

Bueno, yo creo que eso es relativo, pero sí es cierto que hace falta reforzar en los espacios de la gente trabajadora el discurso de autodefendernos. Detrás de cualquier discurso de odio hacia el diferente, lo que hay es un claro marco mental que está generado en espacios de privilegio. Que miren por ejemplo cuáles son las políticas económicas que defiende Vox, que con su discurso de patriotismo se ha callado cuando Trump ha querido imponer aranceles al campo sevillano del cual dependen 140.000 trabajadores y trabajadoras agrarios. Que Vox explique qué defiende, si el privilegio de Trump o a las necesidades de las familias jornaleras de Sevilla.

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