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Eduardo García Benito, el artista vallisoletano que ilustró las portadas de la revista Vogue y murió sin su museo

Portada de Vogue de Benito.

Alba Camazón

Valladolid —
28 de febrero de 2025 06:01 h

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Eduardo García Benito falleció en diciembre de 1981 con noventa años. Tuvo un funeral sencillo, con personalidades de la cultura a su alrededor, como estuvo parte de su vida. Reconocido, pero no tanto. Eduardo García Benito —que firmaba sus obras con 'Benito'— fue el artista vallisoletano que mayor trayectoria internacional tuvo en el siglo XX, tuvo tendencias del fauvismo, cubismo, futurismo, expresionismo y art déco en toda su trayectoria, y fue el artista español del art déco más conocido del periodo de entreguerras. “Es cierto que ves una obra de Benito y no la reconoces inmediatamente, porque no tenía un único estilo definido”, explica la historiadora del Arte Blanca García Vega, que, en su infancia, tuvo una relación personal con Benito. “No identificabas un 'Benito' con su obra de París, pero sí con las portadas de las revistas”, insiste.

Pero murió sin su propio museo modernista, como se le prometió, y vivió sus últimos años con dificultades económicas. Benito vivió el esplendor parisino de los años 20, pintó para celebridades e ilustró durante años portadas de Vogue y Vanity Fair. Se arruinó dos veces, y volvió a Valladolid guiado por la promesa de un museo contemporáneo y pensando que allí sería reconocido por las instituciones, por las que luego se sintió ignorado.

Treinta años después de su muerte, el Ayuntamiento de Valladolid organizó una exposición que recopiló algunas obras de Benito, pero que ignoró por completo el inventario que conserva la Diputación de Valladolid. La Administración provincial posee 212 obras de Eduardo García Benito, que fueron cedidas por el artista y abarcan diferentes épocas, estilos y técnicas de su trayectoria artística.

Ahora, la Fundación Godofredo Garabito pretende homenajear a Benito a través de la Realidad Virtual. En diciembre de 2024, se reunieron en la Sala de la Pasión de Valladolid 130 obras de este artista vallisoletano (la mayoría procedentes del Archivo de la Diputación). Durante cuatro días se tomaron miles de imágenes y vídeos para poder alojar una exposición permanente a través de Realidad Virtual en una sala que todavía tiene que ceder el Ayuntamiento. “Aprovechamos el desmontaje de una exposición para instalar la nuestra y poder grabarlo todo. La idea es que se pueda realizar una visita hiperrealista y reivindicar el sueño de Eduardo García Benito”, explica su portavoz, Jorge Francés. El Ayuntamiento de Valladolid ha financiado esta iniciativa con 60.000 euros a través de la Agencia de Innovación y aún no se sabe cuándo ni dónde se alojará esta experiencia virtual.

Algunas de sus obras están en la colección del Museo Victoria & Albert de Londres, el Museo de Bellas Artes de la Villa de París, en manos privadas como las fundaciones de Fontaneda y Miguel Delibes y en la Diputación y Ayuntamiento de Valladolid. Eduardo García Benito nació en 1891 y en 1905 empezó a aprender en la Escuela de Bellas Artes de Valladolid. El Ayuntamiento premió una obra suya y poco después acudió a la Escuela de Bellas Artes de San Fernando de Madrid. El Ayuntamiento de Valladolid le dio una beca en 1912 para que ampliara su formación en Francia, pero la beca no le duró mucho y “tuvo que arreglárselas” para poder continuar en Francia, según el monográfico que le escribió María Teresa Ortega Coca, que perteneció a la Asociación Internacional de Críticos de Arte.

Estampas históricas y relacionadas con la Primera Guerra Mundial

Benito ilustró carteles y estampas, primero históricas y después relacionadas con la guerra que estalló en 1914 en Europa. Ya en el periodo de entreguerras, se introdujo en el mundo de la moda a través de la ilustración y comenzó a colaborar con las primeras revistas de divulgación de moda en Francia: Fémina, La Vie Parisienne y La Gazette du Bon Ton. Algunas de estas portadas aún se conservan en el Museo de Bellas Artes de París. Participó en una exposición colectiva en 1915, aunque su primera exposición propia fue en 1919 en la Galería Sauvage. En 1920 tuvo una sala para él en el pabellón español de la Expo de Bruselas en la que se incluyeron retratos, murales decorativos y encargos que había recibido de las clases altas, según recoge Alfonso León en 'Un vallisoletano en la Corte de Paul Poiret'.

En sus cuadros, Benito mostraba a mujeres elegantes, bien vestidas y con el corte de pelo de moda —garçon— fumando en público, charlando en un bar a la espera del cóctel. “La intervención de dibujantes como Benito fue decisiva en los cambios revolucionarios que hacen variar las costumbres de las mujeres, adaptándose a los tiempos modernos”, destaca Ortega Coca en su obra.

Durante la primera guerra mundial, el arte de Benito mutó hacia el expresionismo, una faceta que desarrolló como ilustrador, con escenas bélicas. Benito, influido por la guerra, reflejaba su ansiedad por las pérdidas humanas a través de su arte, que se aproximó al expresionismo negro de Centroeuropa.

El mejor momento de Benito fue en los años 20: conoció al modisto Paul Poiret, con quien entabló cierta amistad. Poiret le encargó primero unos paneles decorativos para usarlos como escenografías para la representación de diseños y como decoración de ciertos espacios del taller o su residencia, y acabó encargándole un retrato matrimonial. Esta obra de Benito es una de sus piezas más importantes, que acabó vendiendo al final de su vida a la familia Fontaneda por sus necesidades económicas.

Su vínculo con el Condé Nast y el triunfo en Vogue

Paul Poiret presentó a Benito a Condé Montrose Nast, propietario del Grupo Condé Nast, editor de revistas como Vogue o Vanity Fair. En esta nueva etapa, Benito recurre al art déco para ilustrar las portadas, de formas geométricas y diseños abstractos. Este diario ha contactado con la editorial Condé Nast para este reportaje, pero no ha recibido ninguna respuesta. El vallisoletano impuso a Vogue un estilo gráfico acorde a los postulados del art déco. Precisamente es el art déco la tendencia que mejor define el trabajo de Benito.

En 1923, Benito inauguró su primera exposición en Nueva York, donde reside de manera alterna junto a París durante unos años. Su etapa en Estados Unidos estuvo también marcados por retratos como los que hizo a la familia Condé Nast y a la estrella estadounidense del cine mudo Gloria Swanson. Sus años trabajando para Vogue estuvieron marcados por el cubismo y el constructivismo, pero Benito sobre todo geometrizaba y cubitizaba. “Era la síntesis entre tradición y vanguardia. Sus dibujos art déco para revistas promovieron un contagio de formas similares entre sí, contribuyeron a masificar con los modos y maneras en el vestir de las mujeres de cinco continentes y respondieron al destino inexorable e histórico de una época”, resumía Teresa Ortega Coca, que fue directora de la Sección de Arte del Ateneo de Valladolid.

La historiadora del Arte Ana María Arias de Cossío reconocía “titubeos” en la faceta de pintor, de quien destacó más “los aciertos de un extraordinario dibujante e ilustrador” en el libro Eduardo García Benito:un artista de entreguerras (2004). “Todo lo que nos parece relativamente débil en su pintura se vuelve sólido y original en sus dibujos e ilustraciones. Es como si el pintor, cuando tiene en la mano un carboncillo, se sintiera totalmente libre y la dejara circular por el lienzo blanco con soltura, y, por el contrario, cuando toma el pincel, la sintiera presa de múltiples convenciones que la atenazan para resolverlas con la ligereza que en sus dibujos es lo primero que salta a la vista”, resumía la catedrática de la Universidad Complutense de Madrid, que reconocía la “superioridad” del 'Benito dibujante' sobre el 'Benito pintor“.

En esa etapa, Benito combinó la elegancia con la geometrización y la simplicidad de la escena déco. Además de las portadas, Benito trabajó en las páginas interiores de Vogue, entre las que destacan unas ilustraciones “que centran la mirada en los salones europeos que evocaban la elegancia de la época imperio, no en la moda femenina que representan, sino en el ambiente en el que esa figura femenina se mueve”, según Arias de Cossío. 

En marzo de 1924 celebró en Nueva York una exposición en la que, entre otros, figuraron un retrato de la esposa de Benito y otro del Rey Alfonso XIII que había hecho en Dauville, que fue regalado a la Academia de Bellas Artes de Valladolid, que conserva tres obras suyas entre las que no se encuentra ese retrato real.

Bancarrota tras el crack del 29

Tras la dictadura de Primo de Rivera, Benido decidió volver a España, pero entró en bancarrota como consecuencia del crack del 29 y de la quiebra de la banca neoyorquina, lo que le obligó a volver a París en busca de nuevos encargos. Allí pasó unos años, hasta que volvió a Estados Unidos, donde expuso en la Galería Wildenstein, pero de nuevo retornó a París guiado por su nostalgia hacia Europa. Sin embargo, allí ya no tenía apenas contactos ni marchantes de arte. En 1936 alquiló una casa en Hernani, pero volvió a París tras el golpe de estado en España.

Un colombiano le compró varios cuadros y eso le permitió comprar una casa en Fontainebleau, según el monográfico de Ortega Coca. Y durante la Segunda Guerra Mundial, se refugió en San Juan de Luz. Retrató a emperadores de Indochina y al mariscal Franchet d’Espèrey. Sin embargo, Benito volvió a arruinarse. No le dejaron sacar sus ahorros de Francia y eso le impidió salir del país galo. “Pasó veinte años en París. Se consideraba un expatriado a pesar de que tuvo mucho éxito en España”, explica en el monográfico Ortega Coca.

En los años cincuenta del siglo pasado, Benito también trabajó en una treintena de aguafuertes expresionistas para una edición en francés de El Buscón de Francisco de Quevedo, que nunca llegó a editarse. Estas ilustraciones muestran la faceta expresionista de Benito, que se inspiró en los grabados de Goya para sus piezas. “Los grabados preparados para su ilustración se comporta como un verdadero escenógrafo. Caricaturiza con tal realismo, utilizando un trazo grueso y un contraste de luces y sombras, que acentúa el dramatismo”, explica Arias de Cossío. Este trabajo inacabado es prácticamente lo último que hace Benito en París.

Vuelta a Valladolid

En 1955, le prometieron un Museo de Arte Contemporáneo en Valladolid, donde podría exponer de manera permanente su obra. Volvió a su ciudad natal en 1958, pero el museo, que quería ubicar en la actual Sala de la Pasión, quedó en papel mojado. Esta última etapa continuó pintando, pero ya desde Valladolid. Durante varios años, escribió periódicamente en El Norte de Castilla sus 'Apuntes de Juventud' Juventud crónicas autobiográficas sobre sus etapas en París y Nueva York, aunque también escribió ensayos de arte, novela y teatro.

En 1962 fue admitido como miembro de la Real Academia de Bellas Artes de la Purísima Concepción. En 1968 su mujer falleció en Valladolid, donde Benito estableció una fuerte amistad con Miguel Delibes. Aunque se realizó algún homenaje antes de la muerte de Eduardo García Benito, no llegó a sentirse del todo reconocido en Valladolid.

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