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En Abierto es un espacio para voces universitarias, políticas, asociativas, ciudadanas, cooperativas... Un espacio para el debate, para la argumentación y para la reflexión. Porque en tiempos de cambios es necesario estar atento y escuchar. Y lo queremos hacer con el “micrófono” en abierto.

Andalucía, la nuestra

Andalucía es la gente que se levanta, trabaja, sufre y disfruta de sus familias, la de abajo, la que sabe que es ser y sentirse andaluz
28 de febrero de 2025 06:01 h

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Más allá del andalucismo de bandera —en los mismos términos y latitudes que el patriotismo de pulsera— existe un andalucismo real, más grande que la tierra que lo contiene y los corazones que lo sostienen.

Es un andalucismo solidario, universal, federal y republicano, que se nutre de las voces de las de abajo y combate contra los de arriba, los mismos poderes que antes fueron los del cortijo y sus señoritos, aquellos que escribieron la historia de Andalucía sin vivirla.

Este 28F habrá numerosos actos en nuestra tierra con ambos andalucismos. En ambos se portarán banderas verdiblancas, en ambos se cantará el himno, en ambos se reivindicará la figura de Blas Infante y Caparrós y se ensalzará el orgullo de ser andaluz, pero solo donde la gente sea protagonista se proclamarán justas reivindicaciones. Las mismas que son silenciadas, maquilladas y denostadas por quien asume su pueblo como elemento de expolio, mercantilismo y lucro, muchas veces personal.

La degradación y destrucción de todos los sistemas públicos es ya marca Moreno Bonilla, la estancia permanente en el vagón de cola en todos los indicadores sociales, también. La gestión del Señor Moreno Bonilla, con tono moderado y suavón nos ha situado en cabeza en pobreza, chiringuitos y falta de transparencia, y en la cola en inversión en sanidad, educación, dependencia, vivienda e infraestructuras (en sanidad, el Gobierno andaluz dedica el gasto por habitante más bajo de todo el Estado español: 1.533 € por habitante, frente a la media estatal que es de 1.769 € por habitante. Y muy alejado, por ejemplo, de la Comunidad Autónoma Vasca, donde el gasto es el más alto con 2.142 € por habitante, según el Informe de CCOO Andalucía). Todos estos indicadores sociales son nombres que se le ponen a situaciones reales, que sufre la gente real, la misma gente que pisará las calles —y no los actos protocolarios, con moquetas y tapices— el 28F.

No nos conformamos con las migas que cayeron de la mesa constitucional entonces, y no nos conformamos ni con el estado de las autonomías ni con el tratamiento que se da a Andalucía ahora

Pero, ¿cómo levantamos cabeza después del grito, del puño en alto? Recordando que los derechos del pueblo andaluz solo se consiguieron con lucha, con movilización, sabiendo que nunca se regaló nada a las de abajo. No nos conformamos con las migas que cayeron de la mesa constitucional entonces, y no nos conformamos ni con el estado de las autonomías ni con el tratamiento que se da a Andalucía ahora.

Hemos de avanzar en el autogobierno andaluz, siendo de nuevo pioneras en la modernización de la vertebración territorial, de la solidaridad entre pueblos; en formular una república federal y plurinacional que supere el modelo actual, superando los dumpings fiscales entre territorios y las subordinaciones nacidas de interpretaciones interesadas.

No necesitamos reyes ni coronas que dirijan nuestros destinos, que firmen la titulación de nuestros talentos, que figuren en las monedas de nuestra riqueza, que sigan perpetuando la desigualdad y la corrupción como formas de estado

Un federalismo republicano plurinacional de derecho, que alcance mayores cotas de democracia, de protección social, que esté volcado en la construcción en paz y Andalucía sea locomotora de este cambio. Con la convicción de que todas somos iguales ante la ley y ante nosotras mismas, donde no existan súbditas ni vasallas. No necesitamos reyes ni coronas que dirijan nuestros destinos, que firmen la titulación de nuestros talentos, que figuren en las monedas de nuestra riqueza, que sigan perpetuando la desigualdad y la corrupción como formas de estado.

En cambio, sí necesitamos agrandar nuestro Estatuto de Autonomía hasta convertirlo en Constitución, una de respeto y hermanamiento con el resto de los pueblos que componen el estado español. Agrandarlo para respetarlo, para cumplirlo, para que no sean palabras en un papel, sino hechos que se vean reflejados en las calles, en las casas, en la vida de la gente que habita bajo la arbonaida.

Porque, de nuevo, eso es Andalucía: la gente que se levanta, trabaja, sufre y disfruta de sus familias, la de abajo, la que sabe que es ser y sentirse andaluz. La gente que no se sienta en el Palacio de San Telmo a ensayar sonrisas o regalar subvenciones, sino la que se lo curra todos los días levantando la persiana, en la oficina, en la obra o en el campo. La que dobla el lomo y llega a casa molida, la que paga facturas como puede, la que piensa que se merece más por todo el trabajo realizado.

Andalucía es esa gente, nuestra gente, es siglos de historia de lucha, de avances y de reivindicaciones, pero también de bajar la cabeza, de tragar, de mirar hacia abajo, de ser, como mucho, invitadas a la fiesta. Y eso se acabó, es hora de levantarse, alzar la voz y reclamar que Andalucía tenga el respeto y el lugar que le pertenece por derecho propio como la que más .

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