Las dos iglesias Patrimonio de la Humanidad en Asturias que emocionaron a toda una escritora premio Pulitzer

Imagen de archivo de San Miguel de Lillo, uno de los emblemas del prerrománico asturiano.

Andrea Blez

25 de marzo de 2025 17:51 h

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El 11 de septiembre de 1925, la escritora Edith Wharton llegaba a Oviedo procedente de León, para seguir su tour para completar el Camino de Santiago. Llegaba a los 63 años, ya divorciada, y afincada en Francia, y con su famosa novela La edad de la inocencia publicada, que le supuso ser la primera mujer en lograr el premio Pulitzer, tan solo cuatro años de su viaje por España.

El viaje de Edith Wharton a Oviedo

La norteamericana había preparado un tour concreto para ver todo lo que le interesaba dentro de la ruta jacobea, y una de sus grandes pasiones en arquitectura era el estilo románico y prerrománico, con lo que tenía una parada obligatoria en Oviedo para visitar dos de los principales edificios exponentes de ello en la capital asturiana.

Sus impresiones han llegado gracias a los apuntes que hizo en un diario, con la pretensión de ser más tarde un libro como sí que hizo con sus viajes en Francia e Italia, pero que no fue publicado, y están disponibles en una publicación de la Universidad de Santiago de Compostela bajo el título ‘Regreso a Compostela’, editado en 2011.

Así podemos apreciar la impronta que dejaron Santa María del Naranco y San Miguel de Lillo, en su visita el 12 de septiembre de 1925, de las que quedó impresionada Edith Wharton. “Ambos maravillosos. La impresión más completa que he tenido nunca de un edificio del prerrománico vivo y articulado”, decía de lo que fue su parte favorita de un viaje a Oviedo donde también visitó la catedral.

Santa María del Naranco

A la sombra de los Picos de Europa, en el Monte Naranco, a cuatro kilómetros de la ciudad de Oviedo, se encuentran las iglesias de Santa María del Naranco y San Miguel de Lillo, Patrimonio de la Humanidad desde 1985, en un paraje que la premio Pulitzer describió como “exquisito paisaje boscoso. Castaños, helechos, moras, juncos, riachuelos, empinados senderos de montaña, hermosas vistas del noble valle montañoso”.

Santa María del Naranco fue construida en el año 842 y es uno de los emblemas del prerrománico asturiano, del estilo artístico llamado “ramirense”, en referencia al rey Ramiro I. Precisamente, la función para la que se construyó el edificio fue para ser lugar de sepultura de este, como han avalado hallazgos arqueológicos.

Pero en el siglo XII, Santa María del Naranco se proyectó como iglesia, como datan los escritos de la época en las que se describe como templo, como lo que ha llegado a nuestros días, aunque solo es lugar de liturgia en algunas ocasiones debido a las condiciones en las que se encuentra. De ella, Edith Wharton escribió: “columnas acanaladas retorcidas. Hermosos medallones circulares en las paredes sobre los capiteles, arcadas bajas”.

San Miguel de Lillo

A su lado, en el mismo completo arquitectónico se encuentra San Miguel de Lillo, que sí que fue proyectada como iglesia desde el principio, junto a la que sería sepultura de Ramiro I, en la zona de sus palacios, por eso su función era de templo palatino.

Edith Wharton también tuvo palabras para la iglesia de San Miguel de Lillo, que le dejó la misma buena imagen, como escribió en su diario: “magníficas esculturas de enredaderas, curiosos y toscos medallones de artistas de circo, saltimbanquis”. 

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