
Nivel 1 en las reglas de explotación del trasvase Tajo-Segura: ¿abundancia real o señal de preocupación?
Antonio de Lucas Sepúlveda / Cátedra del Tajo UCLM-Fundación Soliss
Hace unos días leí una frase de Albert Camus, que me hizo cuestionarme el silencio cómplice que practicamos contra el pueblo palestino. Decía así “Cada generación, sin duda, se cree destinada a rehacer el mundo. La mía sabe que no lo rehará. Pero su tarea quizás sea más grande: impedir que el mundo se deshaga”. Hoy escribo esto.
Solo tiene un calificativo posible: intolerable. Las acciones recientes del Estado de Israel en Gaza y la respuesta internacional a estas no pueden consentirse. Recientemente, Israel rompió una tregua con Hamás, matando a más de 400 personas, incluyendo muchos niños, pero la tibia respuesta internacional, en especial la de UE limitándose a lamentar lo sucedido, o la de la ONU declarando solo que estaba “conmocionada” ante lo acontecido, deberían avergonzarnos a toda la humanidad, si es que ese calificativo de “humanidad” para los habitantes del orbe es aún hoy el adecuado.
Netanyahu ha reanudado los ataques solo por motivos de política interna, sabe que el pueblo palestino está desarmado, y por eso es más frustrante aún la indiferencia global ante lo que es a todas luces un genocidio que prosigue día a día, y sin atisbo de que vaya a producirse una intervención internacional, aunque solo sea de palabra, ya no pido ni siquiera que sea contundente. El Estado de Israel merece una condena urgente por su actuación, y sus acciones desproporcionadas y desmedidas deberían tener consecuencias.
Plataforma 'Sí a la Tierra Viva'
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