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El sistema de la dependencia necesitará 260.000 trabajadoras más en 2030 para hacer frente al envejecimiento

Un hombre pasea por la sombra en un parque, en una imagen de archivo.

Marta Borraz

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Los cambios demográficos harán que en los próximos años se incrementen las personas con dependencia que requerirán ser cuidadas. Y, por lo tanto, harán falta más trabajadoras. A partir de esta premisa, el Ministerio de Derechos Sociales, Consumo y Agenda 2030 ha trabajado en una primera proyección oficial para perfilar con cuántas profesionales debería contar el sistema dentro de cinco años: así, en 2030 y manteniendo la cobertura a ritmo actual, se necesitarían en total 751.300 trabajadoras, de las cuales 261.400 son adicionales. Es un aumento del 53%.

Los datos han sido presentados este lunes en un acto en el que el Ministerio ha planteado como “un reto” dar un impulso y “mejorar” el empleo en los cuidados de larga duración. Para ello, el titular de la cartera, Pablo Bustinduy, ha anunciado la creación de una comisión interministerial y un grupo de trabajo con las comunidades autónomas que arrancará esta misma tarde. Ambos se enmarcan en el objetivo de “transformar el modelo de cuidados” que se propone el ministerio y entre cuyos pilares se encuentra mejorar las condiciones laborales de las trabajadoras (un 80% son mujeres) y fomentar la “revalorización que hacemos como sociedad” del trabajo reproductivo, ha afirmado Bustinduy.

El ministro ha definido la situación actual como “injusta e insostenible” debido a la precaridad que enfrentan las profesionales: casi la mitad, el 47%, de las trabajadoras de ayuda a domicilio tiene un contrato parcial y ganan un 35% menos la hora que el salario medio en nuestro país. “Ya está costando incrementar el número de trabajadoras”, ha añadido el títular. Eso a pesar de que todas las previsiones apuntan a que se necesitarán más en el futuro para hacer frente a la demanda de atención debido a la mayor longevidad y los cambios que atraviesan las estructuras familiares.

Para hacer la estimación de cuántas, la Secretaría de Estado de Derechos Sociales ha combinando las proyecciones demográficas del INE con la proporción actual de personas que atiende el sistema y las que requieren cuidados de larga duración. Así, con la hipótesis de que no se va a reducir la cobertura de aquí al final de la década y que va a seguirse el mismo ritmo actual de atenciones, el número de personas con dependencia reconocida pasará de las 1.644.073 hasta las 2.055.172. Es lo que el ministerio ha llamado “escenario continuista”, para lo que se necesitarán 261.400 trabajoras más de las actuales.

Para obtener la cifra, también se han dividido a las personas por grado de dependencia y se ha estimado qué prestaciones y con qué intensidad las recibirán en cinco años –excluyendo la teleasistencia, por generar un tipo de empleo diferente–. El resultado, y siempre siguiendo las tendencias actuales, apunta a que las prestaciones que se generalizarán más en 2030 serán la ayuda a domicilio y las ayudas por cuidado familiar, una de las prestaciones que existen actualmente y que la ley de dependencia que está tramitando el Gobierno pretende ampliar a los amigos. Por último, se han tenido en cuenta los ratios de personal que presenta cada uno de los servicios.

Pero el ministerio se ha planteado también qué pasaría si la cobertura del sistema se acelera hasta cubrir a todos aquellos que lo necesitan. Y es que en la actualidad no todas las personas que afirman requerir cuidados, según el INE, los reciben. Es decir, existe una brecha entre el número de usuarios que tienen alguna prestación reconocida y quienes necesitan apoyos para su vida diaria. Así, el estudio estima que en esa segunda situación, que califica de “escenario universal”, serían 2.473.554 las personas que en 2030 necesitarían prestaciones y un total de 904.500 trabajadoras, 416.600 más que las actuales.

El estudio, impulsado por la secretaria de Estado de Derechos Sociales, Rosa Martínez, ha hecho el ejercicio con otros dos escenarios “hipotéticos” y “coherentes” con “el cambio de modelo de cuidados” y que pasan por pensar en un futuro en que el peso de las prestaciones para cuidar a alguien en el entorno familiar se reduzcan y aumenten los servicios profesionales de cuidado; entre ellos, la atención domiciliaria o los centros de día. En ese supuesto, las necesidades de trabajadoras se multiplicarían: si el ritmo de incorporación de usuarios reconocidos al sistema se mantiene como ahora, serían 379.000 más y si se aspirara a cubrir a todos aquellos que lo necesitan la cifra escalaría hasta las 639.400.

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